viernes, 21 de mayo de 2010

YA VAN LLEGANDO...




Ya van llegando, Madre. Ya se acercan, con los pies doloridos de andar por las ardientes arenas, por aquellos caminos que tú, Pastora, tan bien conoces. Y por los otros caminos aún más profundos de sus corazones, los que sólo tú, Señora, y el Divino Pastor de tus benditas manos, contempláis en su plenitud. Cuántas plegarias, cuántas lágrimas, cuántas oraciones, cuántas alegrías, cuántos vivas y cuántos "oles", cuántas salves, cuántos pensamientos por los caminos, a los pies de tus benditos Simpecados y andando junto a ellos hasta tus mismas plantas, Rocío, su Dueña y Señora. Sólo Tú y Dios los conocéis y nadie como tú, Madre de las madres, comprende sus debilidades y sus flaquezas.


Ya van llegando, Madre. Ya se arrodillan ante tu bendita imagen marismeña. Un año más, y que sean muchos. Algunos que no están ya este año aquí con nosotros seguro que disfrutan igual llevándote en el bendito Rocío del Cielo, en aquellas marismas azules dónde "los ángeles albañiles con andamios y escaleras" te hicieron, Rocío, "una Ermita de madera".


Quiero pedirte, Madre, por tantos y tantos hijos tuyos, rocieros de verdad, como dijera el venerable y tan querido por nosotros Juan Pablo II. Escucha, Madre, sus oraciones y acepta sus promesas de amor. Ruega, como haces cada año, al Santo Espíritu para que este Pentecostés sea un verdadero Rocío de Gracia en nuestros corazones.


Ruega de manera particular, Madre, por tu pueblo de Almonte, de quién elegiste ser Patrona. Mira con beneplácito, de manera particular, a los que más sufren los efectos del dolor, la enfermedad, la pobreza o la crisis económica.


Bendito almonteño, considera el privilegio que el mismo Dios te concedió, sólo comparable a aquel otro pueblo elegido que fue sacado de la esclavitud de Egipto y llevado a la Tierra Prometida. Cuando el lunes saltes, como lo hicieron tus mayores, la reja del Santuario para ayudar a volar a la Blanca Paloma, pídele tú también, hermano almonteño, por todos nosotros para que nos dé su bendición el Divino Pastor. Porque, si bien es verdad que la Virgen no tiene dueño, la Señora quiso elegirse un pueblo, que la quiere como nadie y del que todos hemos aprendido a quererla, para que sean sus servidores en este ministerio de llevarla y pasearla por las calles de su aldea marismeña cada Pentecostés.


Ya van llegando, Madre. Ya van llegando. Y alzarás el vuelo. Otro año más. Y que sean muchos...

1 comentario:

leonor dijo...

Madre mía, tú conoces nuestros corazones, tú llevas a Jesús en tus manos, háblale al oído de nosotros para que su mirada nos acaricie y quedemos sanados del pecado.
¡Te necesitamos tanto! No te olvides de nosotros los que andamos perdidos en este valle de lágrimas, Oh Rocío, Oh Pastor, que si eres tú quién me lleva, yo moriré sin temor.