martes, 16 de marzo de 2010

CONOCIENDO A NUESTRO NUEVO PASTOR: SUS CARTAS (IV)


DIOS BUSCA AL HOMBRE


Febrero de 2007



Antes de que el hombre busque a Dios, es Dios quien busca al hombre. Y lo busca, porque Dios sabe que el hombre está perdido y desorientado por el pecado. Y Dios quiere hacer al hombre partícipe de su propia felicidad. Es más, Dios “sufre” cuando ve al hombre perdido, y goza cuando el hombre se encuentra con Él. A Dios le importa mucho el hombre. Dios busca nuestra felicidad. Este es el Dios, cuyo rostro se nos ha manifestado en Cristo Redentor.

El tiempo de cuaresma es un tiempo en el que Dios intensifica su gracia, su amor, su misericordia con los hombres. A través de la Iglesia, Dios nos llama a la conversión. Pero no es una llamada externa, como un anuncio publicitario. Se trata de una llamada interior. Una llamada que lleva aparejada gracias de amor, que atraen el corazón del hombre hacia Dios.

Si es Dios el que busca al hombre, dejémonos “pescar” por Dios. Acojamos esa búsqueda, porque nosotros necesitamos de Dios. Hagamos silencio en nuestro interior. Un silencio de espera, de escucha. Un silencio que ya es diálogo, disponibilidad, obediencia a lo que Dios nos proponga. Tomemos en nuestras manos la Palabra de Dios, y dejemos a Dios que nos hable. Prestemos atención a su Palabra, que trae para nosotros vida eterna. “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4), nos dice Jesús.

La Cuaresma es tiempo de gracia, es tiempo de salvación. Son cuarenta días que nos preparan a la gran fiesta de la Pascua. Nos preparan a celebrar la muerte redentora de Cristo y su gloriosa resurrección. Jesucristo es el único que puede dar sentido a la vida del hombre, y el centro de la vida cristiana es Jesucristo. El que murió de amor por nuestros pecados, con la ofrenda sacrificial de su propia vida en la Cruz, mostrándonos un amor hasta el extremo. Y el que fue resucitado por el amor del Padre, aceptando esa ofrenda, y le constituyó Señor de la historia.

Celebrar la Pascua es acoger el “paso” de Dios por nuestra vida. Y la Iglesia nos invita a preparar este año la Pascua del Señor, el paso por nuestra vida de un amor que puede transformarla: el amor loco de Dios, que busca apasionadamente al hombre.

Quitemos lo que nos estorba. Puede ser un rato de TV, quizá un vicio que nos tiene esclavizados, o una relación que nos parecía buena y, sin embargo, nos aparta de Dios. Quitemos todo estorbo y pongamos nuestro oído y nuestro corazón a la escucha de Dios. Sintonicemos en su onda y, empapados de ese amor de Dios, seamos portadores de ese amor para los demás. “El Señor os ha perdonado, haced vosotros lo mismo” (Col 3,13).

La Cuaresma es tiempo de más oración con Dios y de más misericordia con nuestros hermanos. Necesitamos ser purificados por la gracia de Dios, y hemos de frecuentar el sacramento de la Penitencia, recibido individualmente, después de un sereno examen de conciencia, un sincero dolor de los pecados y un deseo de no ofender más a Dios. Dios ha sido tan bueno con nosotros, ¿por qué vamos a seguir ofendiéndole? ¿Qué mal nos ha hecho? Busquemos agradarle en todo, cumpliendo sus mandamientos, y pongámonos a la tarea durante el tiempo santo de la Cuaresma que empieza.

Con mi afecto y bendición:



Mons. Demetrio Fernández González

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