jueves, 11 de marzo de 2010

CONOCIENDO A NUESTRO NUEVO PASTOR: SUS CARTAS (I)



OTROS JÓVENES, OTRO FUTURO



septiembre de 2005



He asistido con un grupito de jóvenes diocesanos a la Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en Colonia-Alemania, del 18 al 21 de agosto. Han acudido más de un millón de jóvenes de 197 países a la cita del Papa Benedicto XVI, que nos ha presidido y nos ha confirmado en la fe. Ha sido un espectáculo impresionante. “La Iglesia está viva. La Iglesia es joven. La Iglesia lleva en su seno el futuro del hombre”.

Los jóvenes que han llegado a Colonia no iban en viaje de turismo o de placer. Querían vivir y celebrar su fe en Jesucristo. “Hemos venido a adorarle”(Mt 2,2), ha sido el lema de estas Jornadas. Y esto les ha supuesto sacrificios y privaciones de todo tipo: en los desplazamientos, en las caminatas, en el descanso, en la comida, etc. Todo se ha hecho con medios muy precarios, durmiendo en el suelo, comiendo de rancho, viajando sin dormir, etc. Pero precisamente en medio de todo resaltaba con más fuerza la motivación del viaje. Estos jóvenes creen en Jesucristo, y están dispuestos a pasar todas estas dificultades con tal de encontrarse y vivir gozosamente la fe cristiana.

Cuando el Papa entraba en la ciudad de Colonia a bordo de un barco por el Rhin, cientos de miles de jóvenes llenaron de colorido y entusiasmo las riberas kilométricas del río, aclamando al Vicario de Cristo. “Estos jóvenes vienen buscando algo, vienen buscando el sentido de sus vidas, vienen buscando a Jesucristo. No les dejéis como ovejas sin pastor”, nos dijo el Papa al grupo numeroso de obispos que allí nos encontramos.

La vigilia en la tarde-noche del sábado 20 fue un espectáculo precioso, donde se alternaban los cánticos con el silencio y las lecturas. Allí estaba la Iglesia, reunida con el Sucesor de Pedro. Allí estaba presente María, la madre que acompaña siempre a la Iglesia. Allí estaba Jesús en medio de los que se reunían en su nombre. Allí aleteaba el Espíritu Santo, llenando de gozo y de paz el corazón de tantos jóvenes. La oración se prolongó durante toda la noche en adoración y en fiesta para los jóvenes.

En la mañana del domingo 21, concelebramos con el Papa la solemne Eucaristía más de 700 obispos y varios miles de sacerdotes. La transformación del pan en el cuerpo del Señor, que se realiza en la Eucaristía, se prolonga en la transformación del corazón del creyente, como una explosión nuclear que convierte el odio en amor, la violencia en misericordia. El Papa animaba a los jóvenes a participar en la Eucaristía dominical para que esa transformación se vaya realizando en la vida de cada uno, y podamos construir un mundo nuevo.

Los jóvenes se acercaban a comulgar, después de haber recibido el perdón de Dios en la confesión individual. Son pecadores, como todo ser humano, pero saben cuál es el camino del bien, y quieren construir un mundo mejor. No tienen como meta el vicio, sino la santidad de vida. Buscan hacer el bien a los demás, y de esta manera se lo hacen a sí mismos, porque aprenden a ser generosos dando su propia vida. En estas Jornadas muchos jóvenes han descubierto su vocación al sacerdocio, a la vida consagrada, al matrimonio tal como Dios lo ha fundado.

“No me he encontrado ni una jeringa, ni un preservativo, ni un porro, ni ningún botellón”, declaraba el jefe de bomberos que inspeccionaba la zona. Estos jóvenes son otros jóvenes, distintos de los que llenan las discotecas el viernes-noche y el sábado-noche. Con los jóvenes reunidos en Colonia y con otros muchos que les han seguido de cerca podemos esperar otro futuro. Jesucristo está vivo. La Iglesia tiene futuro. Yo lo he constatado en Colonia durante estos días.



Mons. Demetrio Fernández González

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