domingo, 28 de marzo de 2010

CRISTO NO SE BAJÓ DE LA CRUZ


Todavía no había llegado su hora, no la hora en que se viese forzado a morir, sino la hora en que se dignase ser muerto. Pues bien sabía él cuándo debía morir; tiene presentes todas las profecías que se referían a él y esperaba su pleno cumplimiento antes de iniciar su pasión. Y una vez cumplidas todas las profecías, entonces tendría lugar también la pasión, de acuerdo con el orden establecido, y no en base a una fatal necesidad.

Escuchad sino y podréis comprobarlo por vosotros mismos. Entre otras cosas profetizadas de él, estaba escrito: En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre. Cómo se cumplió esto, lo sabemos por el evangelio. Primero le dieron hiel: la aceptó, la probó, pero no quiso beberla; más tarde, colgado ya de la cruz, para que se cumpliera la Escritura, dijo: Tengo sed. Cogieron una esponja empapada en vinagre, la sujetaron a una caña, y se lo acercaron al crucificado. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: Está cumplido. ¿Qué significa está cumplido? Que se han realizado todas las cosas profetizadas antes de su pasión. Por tanto, ¿qué hago yo aquí ya? Y efectivamente, una vez que hubo dicho: «Está cumplido», inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

¿Pero es que los ladrones crucificados con él, expiraron cuando quisieron? Estaban amarrados por los lazos de la carne, puesto que no eran los creadores de la carne; traspasados por clavos, eran largamente atormentados, porque no eran dueños de sus sufrimientos. En cambio, el Señor, cuando quiso se encarnó en un seno virginal; cuando quiso apareció entre los hombres; vivió entre los hombres el tiempo que quiso; cuando quiso abandonó su envoltura carnal. Esto es señal de potestad, no de necesidad. Esta es la hora que él esperaba: no una hora fatal, sino oportuna y voluntaria, que le permitiera cumplir cuanto antes de su pasión tenía que cumplir. Porque, ¿cómo podía estar bajo el sino de la fatalidad el que en otro pasaje dijo: Tengo poder para quitar la vida y tengo poder para recuperarla; nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente, para poder recuperarla? Puso de manifiesto este poder cuando los judíos lo buscaban: ¿A quién buscáis?, preguntó. Le constestaron: A Jesús. Y les dijo: Yo soy. A cuya voz, retrocedieron y cayeron a tierra.

Pero alguien replicará: si es verdad que poseía este poder, ¿por qué entonces cuando, colgado de la cruz, los judíos lo injuriaban y decían: Si es hijo de Dios, que baje de la cruz, no bajó, para, bajando, demostrarles su poder? Porque predicaba la paciencia, por eso difería la potencia. Pues si, al reclamo de sus palabras, hubiera bajado de la cruz, diríase que lo había hecho vencido por el dolor. No bajó en absoluto; permaneció clavado, para ser desclavado cuando quisiera.

Pues ¿qué le costaba bajar de la cruz a él que pudo resucitar del sepulcro? Por tanto, nosotros que hemos recibido estas enseñanzas, comprendamos que el poder de nuestro Señor Jesucristo, oculto entonces, habría de manifestarse en el juicio, del que se ha dicho: Dios viene manifiestamente, viene nuestro Dios y no callará. Porque primero calló. ¿Cuándo calló? Cuando fue juzgado, cumpliéndose así la predicción del profeta: Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Así pues, si no hubiera querido padecer, no habría padecido, aquella sangre no habría sido derramada; si aquella sangre no hubiera sido derramada, el mundo no habría sido redimido. Demos, pues, gracias tanto al poder de su divinidad, como a la misericordia de su debilidad.



San Agustín de Hipona,
Tratado 37 sobre el evangelio
de san Juan (9-10: CCL 36, 336-338)

jueves, 18 de marzo de 2010

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD. DOMINGO DE RAMOS 2010


«Maestro bueno, ¿qué haré
para heredar la vida eterna?» (Mc 10,17)




Queridos amigos:

Este año celebramos el 25 aniversario de la institución de la Jornada Mundial de la Juventud, querida por el Siervo de Dios Juan Pablo II como una cita anual de los jóvenes creyentes de todo el mundo. Fue una iniciativa profética que ha dado abundantes frutos, ofreciendo a las nuevas generaciones la oportunidad de encontrarse, de ponerse a la escucha de la Palabra de Dios, de descubrir la belleza de la Iglesia y de vivir experiencias fuertes de fe, que han llevado a muchos a la decisión de entregarse totalmente a Cristo.

Esta XXV Jornada representa una etapa hacia el próximo Encuentro Mundial de jóvenes, que tendrá lugar en agosto de 2011 en Madrid, con la esperanza de que seáis muchos los que podáis vivir este evento de gracia.

Para prepararnos a esta celebración, quisiera proponeros algunas reflexiones sobre el tema de este año, tomado del pasaje evangélico del encuentro de Jesús con el joven rico: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?” (Mc 10,17). Un tema que ya trató, en 1985, el Papa Juan Pablo II en una Carta bellísima, la primera dirigida a los jóvenes.

1. Jesús encuentra a un joven

«Cuando salía Jesús al camino, —cuenta el Evangelio de San Marcos— se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”. Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno mas que Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre”. Él replicó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño”. Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: “Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres —así tendrás un tesoro en el cielo—, y luego sígueme”. Ante estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico» (Mc 10, 17-22).

Esta narración expresa de manera eficaz la gran atención de Jesús hacia los jóvenes, hacia vosotros, hacia vuestras ilusiones, vuestras esperanzas, y pone de manifiesto su gran deseo de encontraros personalmente y de dialogar con cada uno de vosotros. De hecho, Cristo interrumpe su camino para responder a la pregunta de su interlocutor, manifestando una total disponibilidad hacia aquel joven que, movido por un ardiente deseo de hablar con el «Maestro bueno», quiere aprender de Él a recorrer el camino de la vida. Con este pasaje evangélico, mi Predecesor quería invitar a cada uno de vosotros a «desarrollar el propio coloquio con Cristo, un coloquio que es de importancia fundamental y esencial para un joven» (Carta a los jóvenes, n. 2).

2. Jesús lo miró y lo amó

En la narración evangélica, San Marcos subraya como «Jesús se le quedó mirando con cariño»(Mc 10,21). La mirada del Señor es el centro de este especialísimo encuentro y de toda la experiencia cristiana. De hecho lo más importante del cristianismo no es una moral, sino la experiencia de Jesucristo, que nos ama personalmente, seamos jóvenes o ancianos, pobres o ricos; que nos ama incluso cuando le volvemos la espalda.

Comentando esta escena, el Papa Juan Pablo II añadía, dirigiéndose a vosotros, jóvenes: «¡Deseo que experimentéis una mirada así! ¡Deseo que experimentéis la verdad de que Cristo os mira con amor!»(Carta a los jóvenes, n. 7). Un amor, que se manifiesta en la Cruz de una manera tan plena y total, que san Pablo llegó a escribir con asombro: «me amó y se entregó a sí mismo por mí»(Ga 2,20). «La conciencia de que el Padre nos ha amado siempre en su Hijo, de que Cristo ama a cada uno y siempre, —sigue escribiendo el Papa Juan Pablo II—, se convierte en un sólido punto de apoyo para toda nuestra existencia humana»(Carta a los jóvenes, n. 7), y nos hace superar todas las pruebas: el descubrimiento de nuestros pecados, el sufrimiento, la falta de confianza.

En este amor se encuentra la fuente de toda la vida cristiana y la razón fundamental de la evangelización: si realmente hemos encontrado a Jesús, ¡no podemos renunciar a dar testimonio de él ante quienes todavía no se han cruzado con su mirada!

3. El descubrimiento del proyecto de vida

En el joven del evangelio podemos ver una situación muy parecida a la de cada uno de vosotros. También vosotros sois ricos de cualidades, de energías, de sueños, de esperanzas: ¡recursos que tenéis en abundancia! Vuestra misma edad constituye una gran riqueza, no sólo para vosotros, sino también para los demás, para la Iglesia y para el mundo.

El joven rico le pregunta a Jesús: «¿Qué tengo que hacer?». La etapa de la vida en la que estáis es un tiempo de descubrimiento: de los dones que Dios os ha dado y de vuestras propias responsabilidades. También es tiempo de opciones fundamentales para construir vuestro proyecto de vida. Por tanto, es el momento de interrogaros sobre el sentido auténtico de la existencia y de preguntaros: «¿Estoy satisfecho de mi vida? ¿Me falta algo?».

Como el joven del evangelio, quizá también vosotros vivís situaciones de inestabilidad, de confusión o de sufrimiento, que os llevan a desear una vida que no sea mediocre y a preguntaros: ¿Qué es una vida plena? ¿Qué tengo que hacer? ¿Cuál puede ser mi proyecto de vida? «¿Qué he de hacer para que mi vida tenga pleno valor y pleno sentido?» (ibíd., n. 3).

¡No tengáis miedo a enfrentaros con estas preguntas! Ya que mas que causar angustia, expresan las grandes aspiraciones que hay en vuestro corazón. Por eso hay que escucharlas. Esperan respuestas que no sean superficiales, sino capaces de satisfacer vuestras auténticas esperanzas de vida y de felicidad.

Para descubrir el proyecto de vida que realmente os puede hacer felices, poneos a la escucha de Dios, que tiene un designio de amor para cada uno de vosotros. Decidle con confianza: «Señor, ¿cuál es tu designio de Creador y de Padre sobre mi vida? ¿Cuál es tu voluntad? Yo deseo cumplirla». Tened la seguridad de que os responderá. ¡No tengáis miedo de su respuesta! «Dios es mayor que nuestra conciencia y lo sabe todo»(1Jn 3,20).

4. ¡Ven y sígueme!

Jesús invita al joven rico a ir mucho más allá de la satisfacción de sus aspiraciones y proyectos personales, y le dice: «¡Ven y sígueme!». La vocación cristiana nace de una propuesta de amor del Señor, y sólo puede realizarse gracias a una respuesta de amor: «Jesús invita a sus discípulos a la entrega total de su vida, sin cálculo ni interés humano, con una confianza sin reservas en Dios. Los santos aceptan esta exigente invitación y emprenden, con humilde docilidad, el seguimiento de Cristo crucificado y resucitado. Su perfección, en la lógica de la fe a veces humanamente incomprensible, consiste en no ponerse ellos mismos en el centro, sino en optar por ir contracorriente viviendo según el Evangelio»(Benedicto XVI, Homilía en ocasión de las canonizaciones, 11 de octubre de 2009).

Siguiendo el ejemplo de tantos discípulos de Cristo, también vosotros, queridos amigos, acoged con alegría la invitación al seguimiento, para vivir intensamente y con fruto en este mundo. En efecto, con el bautismo, Él llama a cada uno a seguirle con acciones concretas, a amarlo sobre todas las cosas y a servirle en los hermanos. El joven rico, desgraciadamente, no acogió la invitación de Jesús y se fue triste. No tuvo el valor de desprenderse de los bienes materiales para encontrar el bien más grande que le ofrecía Jesús.

La tristeza del joven rico del evangelio es la que nace en el corazón de cada uno cuando no se tiene el valor de seguir a Cristo, de tomar la opción justa. ¡Pero nunca es demasiado tarde para responderle!

Jesús nunca se cansa de dirigir su mirada de amor y de llamar a ser sus discípulos, pero a algunos les propone una opción más radical. En este Año Sacerdotal, quisiera invitar a los jóvenes y adolescentes a estar atentos por si el Señor les invita a recibir un don más grande, en la vida del Sacerdocio ministerial, y a estar dispuestos a acoger con generosidad y entusiasmo este signo de especial predilección, iniciando el necesario camino de discernimiento con un sacerdote, con un director espiritual. No tengáis miedo, queridos jóvenes y queridas jóvenes, si el Señor os llama a la vida religiosa, monástica, misionera o de una especial consagración: ¡Él sabe dar un gozo profundo a quien responde con generosidad!

También invito, a quienes sienten la vocación al matrimonio, a acogerla con fe, comprometiéndose a poner bases sólidas para vivir un amor grande, fiel y abierto al don de la vida, que es riqueza y gracia para la sociedad y para la Iglesia.

5. Orientados hacia la vida eterna

«¿Qué haré para heredar la vida eterna?». Esta pregunta del joven del Evangelio parece lejana de las preocupaciones de muchos jóvenes contemporáneos, porque, como observaba mi Predecesor, «¿no somos nosotros la generación a la que el mundo y el progreso temporal llenan completamente el horizonte de la existencia?» (Carta a los jóvenes, n. 5). Pero la pregunta sobre la «vida eterna» aparece en momentos particularmente dolorosos de la existencia, cuando sufrimos la pérdida de una persona cercana o cuando vivimos la experiencia del fracaso.

Pero, ¿qué es la «vida eterna» de la que habla el joven rico? Nos contesta Jesús cuando, dirigiéndose a sus discípulos, afirma: «volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría» (Jn 16,22). Son palabras que indican una propuesta rebosante de felicidad sin fin, del gozo de ser colmados por el amor divino para siempre.

Plantearse el futuro definitivo que nos espera a cada uno de nosotros da sentido pleno a la existencia, porque orienta el proyecto de vida hacia horizontes no limitados y pasajeros, sino amplios y profundos, que llevan a amar el mundo, que tanto ha amado Dios, a dedicarse a su desarrollo, pero siempre con la libertad y el gozo que nacen de la fe y de la esperanza. Son horizontes que ayudan a no absolutizar la realidad terrena, sintiendo que Dios nos prepara un horizonte mas grande, y a repetir con san Agustín: «Deseamos juntos la patria celeste, suspiramos por la patria celeste, sintámonos peregrinos aquí abajo» (Comentario al Evangelio de San Juan, Homilía 35, 9). Teniendo fija la mirada en la vida eterna, el beato Pier Giorgio Frassati, que falleció en 1925 a la edad de 24 años, decía: «¡Quiero vivir y no ir tirando!» y sobre la foto de una subida a la montaña, enviada a un amigo, escribía: «Hacia lo alto», aludiendo a la perfección cristiana, pero también a la vida eterna.

Queridos jóvenes, os invito a no olvidar esta perspectiva en vuestro proyecto de vida: estamos llamados a la eternidad. Dios nos ha creado para estar con Él, para siempre. Esto os ayudará a dar un sentido pleno a vuestras opciones y a dar calidad a vuestra existencia.

6. Los mandamientos, camino del amor auténtico

Jesús le recuerda al joven rico los diez mandamientos, como condición necesaria para «heredar la vida eterna». Son un punto de referencia esencial para vivir en el amor, para distinguir claramente entre el bien y el mal, y construir un proyecto de vida sólido y duradero. Jesús os pregunta, también a vosotros, si conocéis los mandamientos, si os preocupáis de formar vuestra conciencia según la ley divina y si los ponéis en práctica.

Es verdad, se trata de preguntas que van contracorriente respecto a la mentalidad actual que propone una libertad desvinculada de valores, de reglas, de normas objetivas, y que invita a rechazar todo lo que suponga un límite a los deseos momentáneos. Pero este tipo de propuesta, en lugar de conducir a la verdadera libertad, lleva a la persona a ser esclava de sí misma, de sus deseos inmediatos, de los ídolos como el poder, el dinero, el placer desenfrenado y las seducciones del mundo, haciéndola incapaz de seguir su innata vocación al amor.

Dios nos da los mandamientos porque nos quiere educar en la verdadera libertad, porque quiere construir con nosotros un reino de amor, de justicia y de paz. Escucharlos y ponerlos en práctica no significa alienarse, sino encontrar el auténtico camino de la libertad y del amor, porque los mandamientos no limitan la felicidad, sino que indican cómo encontrarla. Jesús, al principio del diálogo con el joven rico, recuerda que la ley dada por Dios es buena, porque «Dios es bueno».

7. Os necesitamos

Quien vive hoy la condición juvenil tiene que afrontar muchos problemas derivados de la falta de trabajo, de la falta de referentes e ideales ciertos y de perspectivas concretas para el futuro. A veces se puede tener la sensación de impotencia frente a las crisis y a las desorientaciones actuales. A pesar de las dificultades, ¡no os desaniméis, ni renunciéis a vuestros sueños! Al contrario, cultivad en el corazón grandes deseos de fraternidad, de justicia y de paz. El futuro está en las manos de quienes saben buscar y encontrar razones fuertes de vida y de esperanza. Si queréis, el futuro está en vuestras manos, porque los dones y las riquezas que el Señor ha puesto en el corazón de cada uno de vosotros, moldeados por el encuentro con Cristo, ¡pueden ofrecer la autentica esperanza al mundo! La fe en su amor os hará fuertes y generosos, y os dará la fuerza para afrontar con serenidad el camino de la vida y para asumir las responsabilidades familiares y profesionales. Comprometeos a construir vuestro futuro siguiendo proyectos serios de formación personal y de estudio, para servir con competencia y generosidad al bien común.

En mi reciente Carta encíclica — Caritas in veritate— sobre el desarrollo humano integral, he enumerado algunos grandes retos actuales, que son urgentes y esenciales para la vida de este mundo: el uso de los recursos de la tierra y el respeto de la ecología, la justa distribución de los bienes y el control de los mecanismos financieros, la solidaridad con los países pobres en el ámbito de la familia humana, la lucha contra el hambre en el mundo, la promoción de la dignidad del trabajo humano, el servicio a la cultura de la vida, la construcción de la paz entre los pueblos, el diálogo interreligioso, el buen uso de los medios de comunicación social.

Son retos a los que estáis llamados a responder para construir un mundo más justo y fraterno. Son retos que requieren un proyecto de vida exigente y apasionante, en el que emplear toda vuestra riqueza según el designio que Dios tiene para cada uno de vosotros. No se trata de realizar gestos heroicos ni extraordinarios, sino de actuar haciendo fructificar los propios talentos y las propias posibilidades, comprometiéndose a progresar constantemente en la fe y en el amor.

En este Año Sacerdotal, os invito a conocer la vida de los santos, sobre todo la de los santos sacerdotes. Veréis que Dios los ha guiado y que han encontrado su camino día tras día, precisamente en la fe, la esperanza y el amor. Cristo os llama a cada uno de vosotros a un compromiso con Él y a asumir las propias responsabilidades para construir la civilización del amor. Si seguís su palabra, también vuestro camino se iluminará y os conducirá a metas altas, que colman de alegría y plenitud la vida.

Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, os acompañe con su protección. Os aseguro mi recuerdo en la oración y con gran afecto os bendigo.

Vaticano, 22 de febrero de 2010


BENEDICTUS PP. XVI

miércoles, 17 de marzo de 2010

D. DEMETRIO Y EL SANTO PADRE HABLAN DE SAN JUAN DE ÁVILA


El obispo de Tarazona y obispo electo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández, ha viajado a Roma para ver al Santo Padre, presentarle su respeto, su gratitud por el reciente nombramiento como obispo de Córdoba y pedirle su bendición. En la breve entrevista, D. Demetrio entregó al Santo Padre una carta de los seminaristas de Tarazona, en la que manifestaban su adhesión filial y su oración por el Papa, y además el Obispo expresó la comunión de esta diócesis con el Vicario de Cristo, el cariño por el Papa de toda la diócesis de Tarazona y pidió la bendición para todos. El Papa complacido envió un saludo y su bendición a todos los diocesanos de Tarazona.

Refiriéndose a la diócesis de Córdoba, el Santo Padre hizo alusión "a la diócesis de San Juan de Avila", cuyo doctorado está en situación de ser proclamado en breve plazo. D. Demetrio pidió humildemente al Santo Padre que se agilicen las gestiones para que el santo apóstol de Andalucía y patrono del clero secular español sea pronto declarado doctor de la Iglesia, para que su doctrina sea más conocida y su patrocinio sea más invocado en la Iglesia universal, sobre todo por parte de los sacerdotes.


martes, 16 de marzo de 2010

CONOCIENDO A NUESTRO NUEVO PASTOR: SUS CARTAS (IV)


DIOS BUSCA AL HOMBRE


Febrero de 2007



Antes de que el hombre busque a Dios, es Dios quien busca al hombre. Y lo busca, porque Dios sabe que el hombre está perdido y desorientado por el pecado. Y Dios quiere hacer al hombre partícipe de su propia felicidad. Es más, Dios “sufre” cuando ve al hombre perdido, y goza cuando el hombre se encuentra con Él. A Dios le importa mucho el hombre. Dios busca nuestra felicidad. Este es el Dios, cuyo rostro se nos ha manifestado en Cristo Redentor.

El tiempo de cuaresma es un tiempo en el que Dios intensifica su gracia, su amor, su misericordia con los hombres. A través de la Iglesia, Dios nos llama a la conversión. Pero no es una llamada externa, como un anuncio publicitario. Se trata de una llamada interior. Una llamada que lleva aparejada gracias de amor, que atraen el corazón del hombre hacia Dios.

Si es Dios el que busca al hombre, dejémonos “pescar” por Dios. Acojamos esa búsqueda, porque nosotros necesitamos de Dios. Hagamos silencio en nuestro interior. Un silencio de espera, de escucha. Un silencio que ya es diálogo, disponibilidad, obediencia a lo que Dios nos proponga. Tomemos en nuestras manos la Palabra de Dios, y dejemos a Dios que nos hable. Prestemos atención a su Palabra, que trae para nosotros vida eterna. “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4), nos dice Jesús.

La Cuaresma es tiempo de gracia, es tiempo de salvación. Son cuarenta días que nos preparan a la gran fiesta de la Pascua. Nos preparan a celebrar la muerte redentora de Cristo y su gloriosa resurrección. Jesucristo es el único que puede dar sentido a la vida del hombre, y el centro de la vida cristiana es Jesucristo. El que murió de amor por nuestros pecados, con la ofrenda sacrificial de su propia vida en la Cruz, mostrándonos un amor hasta el extremo. Y el que fue resucitado por el amor del Padre, aceptando esa ofrenda, y le constituyó Señor de la historia.

Celebrar la Pascua es acoger el “paso” de Dios por nuestra vida. Y la Iglesia nos invita a preparar este año la Pascua del Señor, el paso por nuestra vida de un amor que puede transformarla: el amor loco de Dios, que busca apasionadamente al hombre.

Quitemos lo que nos estorba. Puede ser un rato de TV, quizá un vicio que nos tiene esclavizados, o una relación que nos parecía buena y, sin embargo, nos aparta de Dios. Quitemos todo estorbo y pongamos nuestro oído y nuestro corazón a la escucha de Dios. Sintonicemos en su onda y, empapados de ese amor de Dios, seamos portadores de ese amor para los demás. “El Señor os ha perdonado, haced vosotros lo mismo” (Col 3,13).

La Cuaresma es tiempo de más oración con Dios y de más misericordia con nuestros hermanos. Necesitamos ser purificados por la gracia de Dios, y hemos de frecuentar el sacramento de la Penitencia, recibido individualmente, después de un sereno examen de conciencia, un sincero dolor de los pecados y un deseo de no ofender más a Dios. Dios ha sido tan bueno con nosotros, ¿por qué vamos a seguir ofendiéndole? ¿Qué mal nos ha hecho? Busquemos agradarle en todo, cumpliendo sus mandamientos, y pongámonos a la tarea durante el tiempo santo de la Cuaresma que empieza.

Con mi afecto y bendición:



Mons. Demetrio Fernández González

lunes, 15 de marzo de 2010

CONOCIENDO A NUESTRO NUEVO PASTOR: SUS CARTAS (III)


TIEMPOS RECIOS


Marzo de 2007




“Tiempos recios” llamaba Santa Teresa de Jesús a los de su época, la del siglo XVI. Pero en esos tiempos se forjaron los mejores santos de la historia de España. Hoy también vivimos tiempos recios. Los acontecimientos se suceden a ritmo vertiginoso. No nos da tiempo a recibir una noticia cuando tenemos otra encima, peor que la anterior. Realmente, vivimos tiempos recios en el campo de la fe.

Imágenes blasfemas contra la Virgen y contra Jesucristo, que ofenden a Dios hiriendo lo más profundo de la sensibilidad cristiana, realizadas con esa intención expresa. Colaboración institucional en un suicido, que se presenta como muerte digna, desconectando el respirador y ampliando la noticia por todos los medios, abriendo camino a la eutanasia. Excarcelación de un criminal para obtener una rentabilidad política, sin arrepentimiento por su parte y con humillación para las víctimas. Las trabas de todo tipo a la enseñanza de la religión en la escuela, cuando la piden el 80 % de los padres en toda España (más del 82 %, en nuestra diócesis de Tarazona). La implantación de la asignatura Educación para la Ciudadanía, a través de la cual adoctrinar a nuestros niños y jóvenes sobre la ideología de género, en contra del parecer de sus padres. La desaparición del verdadero matrimonio del ordenamiento jurídico, con la unión de personas del mismo sexo y el divorcio exprés, etc. etc. Y lo que venga.

Son muchas cosas a la vez y ninguna sucede por causalidad o como un hecho aislado, sino que están relacionadas unas con otras. Se trata de imponer a la fuerza el Estado laicista, confesionalmente ateo. Se trata de borrar del mapa a Dios y a quien lo represente. Estamos asistiendo a una persecución declarada contra la religión y contra la Iglesia católica, que desborda las fronteras de nuestra patria, pero que ha encontrado en España un fuerte punto de apoyo. Una persecución con guante blanco, de manera que no se note y nadie pueda reaccionar. Pero en esta situación Dios quiere sacar bienes para nosotros, Dios quiere forjar grandes santos, si tenemos fe.

Se acusa a la Iglesia de trasnochada. Se la presenta como una institución obsoleta y pasada de moda, que sólo pretende mantener privilegios del pasado. Se rechaza frontalmente toda moral que venga dada al hombre o por su naturaleza humana o por la revelación de Dios. “Aquí no hay más ley ni más moral que la del Parlamento”, me decía un alto cargo político. “Será para Vd., que vive de eso. Yo vivo de la ley de Dios”, le respondí. “Y hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”, como declaró san Pedro ante los tribunales (Hech 5,29).

Tiempos recios, que nos invitan a reforzar nuestra fe, acercándonos más a Dios, y a demostrar esa fe en un testimonio de amor a los demás. En esta barca tan zarandeada por las olas, va Jesucristo con nosotros, que nos invita a echar de nuevo las redes y a no perder la confianza en su victoria. La Iglesia no tiene que imitar las formas del mundo para cumplir su misión, sino sacar de su entraña los mejores jugos maternales con los que alimentar al hombre de hoy, sediento de verdad y de justicia. Estos tiempos recios nos llevarán a una mayor autenticidad de nuestra fe.

Si no estamos dispuestos a perder nada, lo perderemos todo. Sólo sacaremos provecho de todo esto si estamos dispuestos al martirio, “a derramar nuestra sangre en la lucha contra el pecado” (Hbr 12,4). El cristianismo se ha difundido siempre con la valentía y la fortaleza de los mártires. Los mártires anuncian con fuego la verdad que nos salva, y están dispuestos a morir amando. El mártir sabe que nada ni nadie podrán separarnos del amor de Dios. Y eso es lo que siempre ha convencido.

Con mi afecto y bendición:



Mons. Demetrio Fernández González

domingo, 14 de marzo de 2010

CONOCIENDO A NUESTRO NUEVO PASTOR: SUS CARTAS (II)


Marzo de 2008




La Cuaresma es preparación para la Pascua. Una vez al año celebramos solemnemente los misterios centrales de la fe cristiana: Jesucristo, que ha muerto por nuestros pecados y ha resucitado para nuestra salvación. Eso mismo lo celebramos cada domingo, en la Eucaristía dominical, e incluso cada vez que celebramos la Santa Misa, memorial de la Pascua del Señor.

Una vez al año, coincidiendo con la primera luna llena de primavera (según el calendario lunar), celebramos el acontecimiento histórico que ha cambiado la historia de la humanidad: la muerte y la resurrección del Señor. Conviene prepararse bien para celebrar estos santos misterios con un corazón renovado. Nuestra fe cristiana no es un mito, que se va relatando de generación en generación. No. Esta fe se apoya en hechos históricos, sucedidos en Jerusalén hace dos mil años, y transmitidos fielmente por los apóstoles y toda la comunidad cristiana. Estos acontecimientos se actualizan en la celebración litúrgica de los santos misterios.

Cristo ha muerto por nuestros pecados. El pecado rompió las relaciones del hombre con Dios, y Dios, lleno de misericordia, nos ha enviado a su Hijo único, que hecho hombre como nosotros, ha devuelto a Dios lo que el hombre le había robado. Nos ha reconciliado con Dios, a costa de su muerte en la cruz. El hombre se aleja de Dios, engañado por su ilusión de felicidad, y se hace un desgraciado. Jesucristo ha recorrido el camino del hombre extraviado y lo ha rescatado de las zarzas y matorrales donde estaba enredado para llevarlo a Dios y hacerlo feliz.

Jesucristo no nos ha amado de broma, sino de verdad. Es un amor que le ha costado la vida, con una muerte terrible en la cruz. Ahí nos ha mostrado el amor que nos tiene, pues “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”(Jn 15,13). A lo largo de la cuaresma, meditamos en la pasión del Señor, en su agonía, en sus dolores y humillaciones. Todo eso lo ha hecho por mí. Para librarme de la condenación eterna, para reparar mis extravíos, para vivir como hijo de Dios, para llevarme al cielo.

Y Cristo ha resucitado, es decir, no se ha quedado muerto, sino que ha vencido la muerte resucitando. Su cadáver depositado en el sepulcro para ser amortajado ha sido transfigurado, su carne ha resucitado. Dios Padre le ha concedido una vida nueva, que él ha estrenado para todos los hombres. Una vida en la que todo es gozo, paz, felicidad. Eso es el cielo. Jesucristo nos promete una felicidad, que sólo él puede dar, que empieza ya encontrándonos con él y que hemos de expandir comunicándola a los demás. Esa es la Buena Noticia, ése es el Evangelio.

Nos preparamos a celebrar la Pascua, la muerte y la resurrección de Cristo. Para morir con él y resucitar con él, dejando atrás al hombre viejo, envuelto en el pecado, engañado por Satanás y todas sus seducciones, y acogiendo al hombre nuevo, que brota del bautismo como una criatura nueva. Recorremos este camino con toda la Iglesia, con María la madre de Jesús y madre nuestra, con todos los santos nuestros hermanos. Si morimos con él, resucitaremos con él.


Con mi afecto y bendición:


Mons. Demetrio Fernández González

jueves, 11 de marzo de 2010

CONOCIENDO A NUESTRO NUEVO PASTOR: SUS CARTAS (I)



OTROS JÓVENES, OTRO FUTURO



septiembre de 2005



He asistido con un grupito de jóvenes diocesanos a la Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en Colonia-Alemania, del 18 al 21 de agosto. Han acudido más de un millón de jóvenes de 197 países a la cita del Papa Benedicto XVI, que nos ha presidido y nos ha confirmado en la fe. Ha sido un espectáculo impresionante. “La Iglesia está viva. La Iglesia es joven. La Iglesia lleva en su seno el futuro del hombre”.

Los jóvenes que han llegado a Colonia no iban en viaje de turismo o de placer. Querían vivir y celebrar su fe en Jesucristo. “Hemos venido a adorarle”(Mt 2,2), ha sido el lema de estas Jornadas. Y esto les ha supuesto sacrificios y privaciones de todo tipo: en los desplazamientos, en las caminatas, en el descanso, en la comida, etc. Todo se ha hecho con medios muy precarios, durmiendo en el suelo, comiendo de rancho, viajando sin dormir, etc. Pero precisamente en medio de todo resaltaba con más fuerza la motivación del viaje. Estos jóvenes creen en Jesucristo, y están dispuestos a pasar todas estas dificultades con tal de encontrarse y vivir gozosamente la fe cristiana.

Cuando el Papa entraba en la ciudad de Colonia a bordo de un barco por el Rhin, cientos de miles de jóvenes llenaron de colorido y entusiasmo las riberas kilométricas del río, aclamando al Vicario de Cristo. “Estos jóvenes vienen buscando algo, vienen buscando el sentido de sus vidas, vienen buscando a Jesucristo. No les dejéis como ovejas sin pastor”, nos dijo el Papa al grupo numeroso de obispos que allí nos encontramos.

La vigilia en la tarde-noche del sábado 20 fue un espectáculo precioso, donde se alternaban los cánticos con el silencio y las lecturas. Allí estaba la Iglesia, reunida con el Sucesor de Pedro. Allí estaba presente María, la madre que acompaña siempre a la Iglesia. Allí estaba Jesús en medio de los que se reunían en su nombre. Allí aleteaba el Espíritu Santo, llenando de gozo y de paz el corazón de tantos jóvenes. La oración se prolongó durante toda la noche en adoración y en fiesta para los jóvenes.

En la mañana del domingo 21, concelebramos con el Papa la solemne Eucaristía más de 700 obispos y varios miles de sacerdotes. La transformación del pan en el cuerpo del Señor, que se realiza en la Eucaristía, se prolonga en la transformación del corazón del creyente, como una explosión nuclear que convierte el odio en amor, la violencia en misericordia. El Papa animaba a los jóvenes a participar en la Eucaristía dominical para que esa transformación se vaya realizando en la vida de cada uno, y podamos construir un mundo nuevo.

Los jóvenes se acercaban a comulgar, después de haber recibido el perdón de Dios en la confesión individual. Son pecadores, como todo ser humano, pero saben cuál es el camino del bien, y quieren construir un mundo mejor. No tienen como meta el vicio, sino la santidad de vida. Buscan hacer el bien a los demás, y de esta manera se lo hacen a sí mismos, porque aprenden a ser generosos dando su propia vida. En estas Jornadas muchos jóvenes han descubierto su vocación al sacerdocio, a la vida consagrada, al matrimonio tal como Dios lo ha fundado.

“No me he encontrado ni una jeringa, ni un preservativo, ni un porro, ni ningún botellón”, declaraba el jefe de bomberos que inspeccionaba la zona. Estos jóvenes son otros jóvenes, distintos de los que llenan las discotecas el viernes-noche y el sábado-noche. Con los jóvenes reunidos en Colonia y con otros muchos que les han seguido de cerca podemos esperar otro futuro. Jesucristo está vivo. La Iglesia tiene futuro. Yo lo he constatado en Colonia durante estos días.



Mons. Demetrio Fernández González

martes, 9 de marzo de 2010

¡ES MI VIDA!... ESTÁ EN TUS MANOS


La Conferencia Episcopal Española (CEE) ha puesto en marcha una campaña de comunicación en favor del derecho a la vida de los que van a nacer, con motivo de la Jornada por la Vida que se celebrará el próximo 25 de marzo. La campaña, que este año lleva por lema: “¡Es mi vida!... Está en tus manos”, tiene como objetivos principales seguir dando voz a los que van a nacer para defender su derecho a la vida y ofrecer apoyo real a las mujeres gestantes que se encuentran en dificultades.

Desde el 15 al 30 de marzo, se podrán ver los anuncios en 1.300 vallas publicitarias de 37 ciudades españolas. Además, ya se han comenzado a distribuir en las diócesis un total de 6 millones de dípticos informativos y se han enviado 30.000 carteles a las parroquias y centros católicos de todo el país.

En continuidad con la campaña realizada el año pasado “¿Y yo?...¡Protege mi vida!”, los carteles muestran la vida humana en sus primeros estadios. De este modo, se subraya la presencia en el vientre materno de un nuevo ser humano cuyo derecho a la vida debe ser reconocido y tutelado. Un bebé, en esta ocasión sostenido sobre las manos entrelazadas del padre y de la madre, vuelve a tomar la palabra y exclama: “¡Es mi vida!... Está en tus manos”.

La nueva ley del aborto, como han señalado los obispos, además de un serio retroceso en la protección legal de la vida de los que van a nacer, supone “un mayor abandono de las madres gestantes”. Por eso, la Campaña ofrece un sitio web (www.conferenciaepiscopal.es/apoyoalavida) donde se puede encontrar abundante información sobre instituciones de ayuda para acoger las nuevas vidas humanas.

(Fuente: www.conferenciaepiscopal.es)

lunes, 8 de marzo de 2010

UNA HISTORIA DE AMOR

Esta madrugada se celebró la 82ª Gala de entrega de los premios Oscar de Hollywood en el Kodak Theater de Los Ángeles. En ella, 'Up' obtuvo los Oscar a mejor película de animación y a mejor banda sonora original. En esta película, entrañable, aparece la que creo que es la mejor narración de una historia de amor "de verdad". Veámosla y aprendamos una buena lección, como cuando éramos niños, de unos dibujos animados. Todo un cursillo de preparación al matrimonio en apenas unos minutos...


viernes, 5 de marzo de 2010

EL AYUNO QUE DIOS QUIERE...


«Hay por ahí quienes observan la cuaresma antes regalada que religiosamente, y se dan más a la invención de manjares nuevos que a reprimir pasiones viejas. Se hacen con múltiples y costosas provisiones de todo género de frutos, hasta dar con los platos más variados y suculentos; y, rehuyendo tocar las ollas donde se coció la carne, por no mancillarse, abrevan sus cuerpos en los más refinados placeres del sentido».


SAN AGUSTÍN



«Ningún acto de virtud puede ser grande si de él no se sigue también provecho para los otros... Así pues, por más que te pases el día en ayunas, por más que duermas sobre el duro suelo, y comas ceniza, y suspires continuamente, si no haces bien a otros, no haces nada grande».


SAN JUAN CRISOSTOMO




«Quien no ayuna para el pobre engaña a Dios. El que ayuna y no distribuye su alimento, sino que lo guarda, demuestra que ayuna por codicia, no por Cristo. Así pues, hermanos, cuando ayunemos, coloquemos nuestro sustento en manos del pobre».


SAN PEDRO CRISÓLOGO

miércoles, 3 de marzo de 2010

¡¡¡LE ESPERAMOS, SANTO PADRE!!!


La noticia de que el Papa Benedicto XVI viajará los próximos 6 y 7 de noviembre a las diócesis de Santiago de Compostela y Barcelona, anunciada hoy por Mons. D. Julián Barrio Barrio y por el Cardenal Lluís Martínez Sistach, llena de alegría a la Iglesia en España. El Papa visitará Santiago con motivo del Año Santo Compostelano y, en Barcelona, consagrará el templo de la Sagrada Familia. La Conferencia Episcopal Española colaborará con las diócesis mencionadas en todo lo que sea necesario.

Este será el segundo viaje de Benedicto XVI a España, tras el que tuvo lugar en julio de 2006 a Valencia con motivo del V Encuentro Mundial de las Familias. En agosto de 2011 está previsto que el Papa presida en Madrid los actos centrales de la Jornada Mundial de la Juventud.

Todos los fieles y comunidades cristianas están invitados a elevar oraciones, ya desde ahora, por el feliz desarrollo de la visita del Santo Padre y por sus frutos apostólicos.


lunes, 1 de marzo de 2010

LA IGLESIA SIEMPRE ESTÁ CON LOS QUE SUFREN


LA CÁRITAS CHILENA SE MOVILIZA
PARA AYUDAR A LAS VÍCTIMAS DEL TERREMOTO


Madrid, 01/03/2010

Cáritas. 1 de marzo de 2010.- La Cáritas Chilena se ha movilizado, a través de su red local presente en las 23 diócesis del país andino, para prestar ayuda de emergencia a los damnificados por el devastador terremoto del pasado sábado. Según ha comunicado el director de la Cáritas nacional, Lorenzo Figueroa, “nos estamos coordinado con el Gobierno y otras organizaciones civiles para establecer una red nacional de ayuda que nos permita superar las grandes dificultades que tenemos en las comunicaciones”.

“Cáritas Chile está recogiendo alimentos en todo el país para enviarlos inmediatamente a las comunidades que han resultado más dañadas por el seísmo y donde ya comienza a registrarse escasez de productos de primera necesidad”, explicado Lorenzo Figueroa. “En estos momentos, todos nuestros sistemas de comunicación interna y nuestra capacidad logística para almacenamiento y distribución de la ayuda están completamente operativos”, ha añadido, al tiempo que reconoce que dada “la magnitud y alcance de la catástrofe, que ha afectado a las regiones más pobres del país, hará necesario el apoyo de la red Cáritas, aunque, sobre todo, lo que más necesitamos es esperanza para nuestro atribulado pueblo”.

El presidente de la Conferencia Episcopal Chilena, monseñor Alejandro Goic, ha confirmado también que todas las parroquias y centros locales de Cáritas en Chile están sumando esfuerzos para atender a las víctimas de esta catástrofe, y ha informado que tanto en Maule como en Bio Bio, las regiones más afectadas, los voluntarios de las parroquias ya han comenzado a distribuir ayuda.

Por su parte, un equipo de expertos en respuesta a emergencias de Cáritas Internationalis está volando ya hacia Santiago de Chile con objeto de colaborar en las operaciones de ayuda a los damnificados. Entre los miembros del equipo figura el director de asuntos humanitarios de Cáritas Internationalis, Alistair Dutton, que viaja a Chile desde Haití, así como los miembros del equipo de rescate de Cáritas México que hace sólo unas semanas participaron en las labores de rescate de víctimas en Puerto Príncipe.

Cáritas Española, que ha activado sus dispositivos de alerta previa ante esta emergencia, está a la espera de que tanto Cáritas Chile como Cáritas Internationalis definan los términos de respuesta a la misma para liberar los fondos iniciales que se demanden para afrontar la primera fase de la respuesta a los damnificados.



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(Fuente: www.caritas.es)