viernes, 25 de diciembre de 2009

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!


Sí, en este mundo... Como está... Como es... Con sus bondades y, sobre todo, por sus pecados... Dios se ha hecho hombre. Se vuelve a abajar, a hacer pequeño, "abrazable", porque no se puede amar lo que no se puede abarcar con las manos. Y a este Dios lo podemos amar; y alimentar; y contemplar; y cantar; y besar; y llorar ante Él; y reirnos con Él; y sentir el dulce latido de su Sacratísimo Corazón, pequeñito Corazón en el que todos cabemos y en el que ya estamos dentro todos. Admirable locura del Dios que se hace hombre... Realmente admirable intercambio, Dios se hace hombre para que nosotros, tú y yo, lleguemos a ser dioses. Acojamos al Dios que se acerca. No puede acercarse más. ¿No ves entre pajas a Aquél que por tí morirá en el madero? Alégrate, que Dios viene a tu vida para quedarse. Corramos como los niños y los pastorcillos a ver a Dios hecho niño. Si Dios se hace niño, ¿te dará vergüenza a tí hacerte niño?. Contémplalo como los magos en brazos de su Madre y aprende dónde lo tienes que buscar siempre, en brazos de la Pura y Limpia Madre de Dios.



¡¡¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!!!

domingo, 13 de diciembre de 2009

ADELANTÉMONOS A LA SALIDA DEL SOL, SALGAMOS A SU ENCUENTRO


Invitados por una tan extraordinaria gracia eclesial y por los premios prometidos a la devoción, adelantémonos a la salida del sol, salgamos a su encuentro antes de que nos diga: Aquí estoy. El Sol de justicia anhela ser precedido y espera que se le preceda.

Escucha cómo espera y desea ser precedido. Dice al ángel de la Iglesia de Pérgamo: A ver si te arrepientes, que, si no, iré en seguida. Al ángel de la Iglesia de Laodicea: Sé ferviente y arrepiéntete. Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos. Sí, podrá entrar. Pues resucitado corporalmente, ni las mismas puertas atrancadas fueron capaces de retenerle, sino que inesperadamente se presentó a los apóstoles encerrados en el cenáculo. Pero desea poner a prueba el ardor de tu devoción; la de los apóstoles la tenía bien experimentada. Quizá sea él quien te preceda en la tribulación, pero en las épocas de paz desea ser precedido.

Tú procura preceder a este sol que ves: Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz. Si te adelantas a la salida de este sol, acogerás a Cristo-Luz. Primero él brillará allá en el hondón de tu corazón; y al decirle tú: Mi espíritu en mi interior madruga por ti, hará resplandecer la luz mañanera en las horas nocturnas, si meditas las palabras de Dios. Mientras meditas, tienes luz: y viendo la luz —luz de la gracia, no del tiempo—dirás: La norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. Y cuando el día te sorprenda meditando la Palabra de Dios y esta tan grata ocupación de orar y salmodiar sea las delicias de tu alma, nuevamente dirás al Señor Jesús: A las puertas de la aurora y del ocaso las llenas de júbilo.

Siguiendo las enseñanzas de Moisés, el pueblo judío, por medio de sus ancianos elegidos precisamente para este ministerio, repite las sagradas Escrituras noche y día ininterrumpidamente; y si al anciano le preguntamos sobre otra cuestión, no sabría hacer otra cosa que repetir la serie de la sagrada Escritura. Entre ellos no hay tiempo para los temas mundanos: la Escritura es el único tema de sus conversaciones; unos se suceden en la recitación, para que jamás cese el sagrado resonar de los mandatos celestiales. Y tú, cristiano, que tienes a Cristo por maestro, ¿duermes y no te avergüenzas de que pueda decirse de ti: Este pueblo ni con los labios me honra; el pueblo judío me honraba al menos con los labios, en cambio tú ni siquiera con los labios? Si el corazón del que le honra siquiera con los labios está lejos de Dios, ¿cómo puede el tuyo estar cerca de Dios, tú que ni con los labios le honras? ¡Qué esclavizado te tienen el sueño, los intereses del mundo, las preocupaciones de esta vida, las cosas de esta tierra!

Divide al menos tu tiempo entre Dios y el mundo. O bien, cuando no puedas ocuparte en público de los negocios de este mundo porque te lo impide la oscuridad de la noche, date a Dios, dedícate a la oración y, para evitar el sueño, canta salmos, defraudando a tu sueño con un fraude sagaz. Acude temprano a la iglesia llevando las primicias de tus buenos propósitos; y, después, si te reclaman los asuntos cotidianos de la vida, no te faltarán motivos para decir: Mis ojos se adelantan a las vigilias, meditando tu promesa, y marcharás tranquilo a tus ocupaciones.

¡Qué hermoso es comenzar la jornada con himnos y cánticos, con las bienventuranzas que lees en el evangelio! ¡Qué promesa de prosperidad ser bendecido por la palabra de Cristo y, mientras canturreas interiormente las bendiciones del Señor, te inspire el deseo de alguna virtud, para que puedas reconocer también en ti mismo la eficacia de la divina bendición.


San Ambrosio de Milán,
Comentario sobre el salmo 118
(Sermón 19, 30-32: CSEL 62, 437-439)

martes, 8 de diciembre de 2009

PURÍSIMA, INMACULADA, LLENA DE GRACIA, KEJARITOMENE


1. "Establezco hostilidades entre ti y la mujer... ella te herirá en la cabeza" (Gen 3, 15).

Estas palabras pronunciadas por el Creador en el jardín del Edén, están presentes en la liturgia de la fiesta de hoy.

Están presentes en la teología de la Inmaculada Concepción. Con ellas Dios ha abrazado la historia del hombre en la tierra después del pecado original:

"Hostilidad": entre en tentador -el abogado del pecado- y la mujer.

Esta lucha colma la historia del hombre en la tierra, crece en la historia de los pueblos, de las naciones, de los sistemas y, finalmente de toda la humanidad.

Esta lucha alcanza, en nuestra época, un nuevo nivel de tensión.

La Inmaculada Concepción no te ha excluido de ella, sino que te ha enraizado aún más en ella.

Tú, Madre de Dios, estás en medio de nuestra historia. Estás en medio de esta tensión.

2. Venimos hoy, como todos los años, a Ti, Virgen de la Plaza de España, conscientes más que nunca de esa lucha y del combate que se desarrolla en las almas de los hombres, entre la gracia y el pecado , entre la fe y la indiferencia e incluso el rechazo de Dios.

Somos conscientes de estas luchas que perturban el mundo contemporáneo. Conscientes de esta "hostilidad" que desde los orígenes te contrapone al tentador, a aquel que engaña al hombre desde el principio y es el "padre de la mentira", el "príncipe de las tinieblas" y, a la vez, el "príncipe de este mundo" (Jn 12, 31).

Tú, que "aplastas la cabeza de la serpiente", no permitas que cedamos.No permitas que nos dejemos vencer por el mal, sino que haz que nosotros mismos venzamos al mal con el bien.

3. Oh, Tú, victoriosa en tu Innmaculada Concepción, victoriosa con la fuerza de Dios mismo, con la fuerza de la gracia.

Mira que se inclina ante Ti Dios Padre Eterno.

Mira que se inclina ante Ti el Hijo, de la mima naturaleza que el Padre, tu Hijo crucificado y resucitado.

Mira que te abraza la potencia del Altísimo: el Espíritu Santo, el abogado de la Santidad.

La heredad del pecado es extraña a Ti.

Eres "llena de gracia".

Se abre en Ti el reino de Dios mismo.

Se abre en Ti el nuevo porvenir del hombre, del hombre redimido, liberado del pecado.

Que este porvenir penetre, como la luz del Adviento, las tinieblas que se extienden sobre la tierra, que caen sobre los corazones humanos y sobre las consciencias.

¡Oh Inmaculada!

"Madre que nos conoces, permanece con tus hijos".

Amén.


Juan Pablo II
Plaza de España, Roma
8 de diciembre de 1984

domingo, 6 de diciembre de 2009

"TODOS VERÁN LA SALVACIÓN DE DIOS". SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO.



En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del Profeta Isaías.

- Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.


Lc. 3, 1-6

sábado, 5 de diciembre de 2009

«Seguiré comulgando», lamentable y escandalosa desobediencia.


Hay tres errores en un mismo comportamiento. Me estoy refiriendo a los políticos que han manifestado en los medios de comunicación su voluntad de seguir participando de la Eucaristía, a pesar de las manifestaciones de la Iglesia sobre la responsabilidad en que incurren quienes defienden el aborto y promueven mayores facilidades para practicarlo.

El error primero, y el más importante, es la actitud interior de desobediencia a la Iglesia, presentándose, simultáneamente, como cristianos practicantes. El segundo, es el hecho de proclamar públicamente y, en tono desafiante, su propósito de incumplir las normas morales de la Iglesia que debieron aprender desde niños en el catecismo. Suponiendo que sea cierto que viven el catolicismo del que alardean estos hermanos, deberían haber cultivado, profundizado y asumido firmemente a lo largo de la vida el sentido y la fuerza de la moral cristiana. Han tenido tiempo. Por este motivo, o su autosuficiencia es mayor, o su incoherencia es total. El tercero, es adoptar en público la postura manifestada en los medios de comunicación social, sabiendo que las gentes les reconocen, además, como políticos, como parlamentarios, cuya misión, entre otras, es procurar las leyes de obligado cumplimiento para lograr el orden y el bien común entre los ciudadanos.

Sorprende que estas mismas personas, exhibiendo su desobediencia interior y exterior a la Iglesia, de la que se manifiestan hijos salvo que hayan inventado una secta y se hayan apropiado sin derecho alguno del nombre que no les pertenece, sean defensores y protagonistas de una inflexible fidelidad de voto, y cerrados enemigos de la objeción de conciencia en casos verdaderamente graves. ¿Es posible que pasen por alto las palabras de la Sagrada Escriturar en las que S. Pedro nos enseña que «hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» ( Hch. 5, 29)? ¿O es que las desconocen? Quizás el profundo autoconvencimiento de su autoridad para establecer los perfiles de la verdad y del bien, y para definir los derechos humanos prescindiendo incluso de la ley natural (como si la humanidad comenzara con ellos), les obligue en conciencia a adoptar actitudes mesiánicas para cuya comprensión no estamos preparados los que queremos obedecer a la Iglesia.

Probablemente nuestra limitación esté en fundamentar nuestra conducta en una fe y en una cultura que no cuentan más que con dos mil años de historia, y que no parte de la democrática horizontalidad parlamentaria (muy sectorial, por cierto), sino de la palabra vertical de Dios manifestado en Jesucristo, de quien esos políticos a que nos referimos toman el nombre de cristianos.

Dichos fundamentos de fe y los criterios morales, nada caprichosos ni arbitrarios, que de ellos se desprenden, han permanecido por encima de ideologías, de sistemas políticos, de presiones sociales adversas, de constantes persecuciones de todo tipo, y de la abierta enemistad por parte de pretendidos profetas que no cuentan más que con el brillo instantáneo y pasajero de un flash demagógico que se agota en sí mismo.De todos modos, es posible que, a los preclaros ojos de los dichos personajes, estemos fundamentando nuestra moral sobre conceptos radicalmente equivocados en lo que se refiere al hombre, a la sociedad, al progreso, a la justicia, a la libertad y a la honestidad personal y social.

¿Será que semejante exhibición de autarquía por parte de los hermanos a quienes me estoy refiriendo se debe a su personal convencimiento de que poseen una sabiduría superior a la de la Iglesia en cuestiones de moral personal y social y, por ello, se consideran legítimos promotores de leyes y conductas más justas que las del Evangelio? ¿O es que el mal está en la interpretación que, del Evangelio, hace la Iglesia que obra por mandato de Jesucristo y animada por el Espíritu Santo en materia de fe y costumbres? ¿Ignoran u olvidan la expresión de Jesucristo referida a los Apóstoles fundamento de la Iglesia: «El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe al que me envió» (Mt. 10, 40)? ¿O es que el poder les llega hasta el privilegio de reservar el derecho a la objeción de conciencia exclusivamente para ellos mismos? ¿Con qué derecho, con qué razón o por qué privilegio? ¿No somos todos iguales y con los mismos derechos?

Me llama seria y tristemente la atención el despotismo con que muchos actúan a favor de sí mismos y en contra de quienes piensan de forma distinta. ¿Es eso la tolerancia y la aceptación elegante de la diversidad en el seno de una sociedad democrática y plural? ¿Actuarían de este modo si no contaran con el apoyo de un laicismo militante, con los anhelos de una mentalidad permisiva, y con la esperanza de obtener votos de quienes desean la supresión de límites, normas y criterios que se opongan a su personal decisión en cada momento? ¿Actuarían de este modo si tuvieran que sufrir las consecuencias de fuerzas coercitivas y de sistemas represores externos que la Iglesia no posee y desea no poseer? ¿Dónde está la fe, la conciencia eclesial y el nivel moral de estas personas? No cabe duda de que tenemos que rezar mucho por ellos.

Los cristianos que nos sentimos deudores de obediencia a la Iglesia no nos sentimos mejores que nadie. Continuamente debemos implorar a la misericordia divina conscientes de nuestras debilidades y pecados. Pero una cosa es considerarse pecador y pedir humildemente perdón, y otra muy distinta, es enarbolar individualmente la bandera de la verdad y de la moral cristiana sin saber demasiado de ella.

Debemos luchar para que se vaya alcanzando en nuestra sociedad un nivel más elevado de coherencia interior y de solvencia pública. ¿Consentirían estas posturas de autosuficiencia en los hijos pequeños al interior de la propia familia? No vale justificarse aduciendo que los pequeños necesitan pautas ajenas que les orienten por el camino del bien dada su reducida capacidad de discernimiento. ¿Es que la sociedad y los miembros de la Iglesia estamos en esa situación de primera infancia?

Hay una gran necesidad de coherencia y una sobrada autosuficiencia, alimentada por el ansia de la propia satisfacción y por la equivocada conciencia de lo que son los auténticos derechos humanos y la esencia de la fe cristiana y de la identidad de la Iglesia. Por ello aprovecho la ocasión para reiterar mi constante llamada a la formación cristiana. De lo contrario, podemos caer inconscientemente en un subjetivismo reinante en la sociedad y que deriva, entre otros factores, del abandono de la referencia a Dios como Verdad objetiva y plena, trascendente y universal.

Es necesario pensar y concluir con el rigor de la razón, ayudada de la luz de la fe. Fuera de ello, es posible exigir y ejercer toda la dureza posible con quienes desobedecen las normas de respeto a la propiedad privada, por ejemplo, cuando unos padres de familia, sin culpa suya o sin posible alternativa, se ven forzados por el hambre propia, de su esposa y de sus hijos, por el desahucio que le priva de un legítimo techo donde cobijarse en el frío invierno, y por el oscuro futuro que amenaza con prolongar la tremenda situación de verse privados de trabajo. No digo que no haya que procurar el orden social y el respeto a la propiedad privada. Pero pregunto, ¿es más importante obedecer a los intereses considerados legítimos por los hombres y desobedecer a Dios y a su Iglesia?


Mons. García Aracil
Arzobispo de Mérida- Badajoz

martes, 1 de diciembre de 2009

EL SENTIDO DEL ADVIENTO: LA ESPERANZA CONTRA TODA ESPERANZA.


Del libro del profeta Isaías 11, 1-16


Así dice el Señor:

«Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor.

No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados. Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios. La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas.

Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey. El niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar.

Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.

Aquel día, el Señor tenderá otra vez su mano para rescatar el resto de su pueblo: los que queden en Asiria y Egipto, en Patros y en Cus y en Elam, en Senar y en Hamat y en las islas. Izará una enseña para las naciones, para reunir a los dispersos de Israel, y congregará a los desperdigados de Judá, de los cuatro extremos del orbe. Cesará la envidia de Efraín y se acabarán los rencores de Judá: Efraín no envidiará a Judá, ni Judá tendrá rencor contra Efraín. Hombro con hombro marcharán contra Filistea a occidente, y unidos despojarán a los habitantes de oriente: Edom y Moab caerán en sus manos, y los hijos de Amón se les someterán.

El Señor secará el golfo del mar de Egipto, y alzará la mano contra el río; con su soplo potente herirá sus siete canales, que se pasarán en sandalias. Y habrá una calzada para el resto de su pueblo que quede en Asiria, como la tuvo Israel cuando subió de Egipto».