miércoles, 16 de septiembre de 2009

PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO...


- Padre nuestro que estás en el cielo...
- Sí...
- No me interrumpas. Estoy rezando. Padre nuestro que estás en el cielo...
- ¿Ves? Otra vez...
- ¿Otra vez qué?
- Me has llamado. Has dicho: “Padre nuestro que estás en el cielo”. Aquí estoy; ¿Qué tienes en la cabeza?
- Pero yo no quería decir nada con eso. Yo estaba ... ya sabes, simplemente rezando mis oraciones del día. Yo siempre rezo el Padrenuestro. Me hace sentir bien, algo así como cumplir un deber.
- Bueno... Sigue.
- “Santificado sea tu nombre”...
- Un momento. ¿ Que quieres decir con eso?
- ¿Con que?
- Con “Santificado sea tu nombre”
- Quiere decir... quiere decir... caramba, yo no sé lo que quiere decir. ¿Cómo debo saberlo? Esto es parte de la oración... Oye, ¿qué quiere decir?.
- Significa que sea honrado, reconocido y venerado por todos los hombres a través de sus palabras y sus obras, y que sea invocado como fuente de salvación.
- Oye, esto tiene sentido. Yo nunca pensé lo que significaba “Santificado sea tu nombre”... Bueno, déjame continuar, que no acabaré nunca...“Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”.
- ¿Quieres decir esto de verdad?.
- Claro, ¿Porqué no?.
- ¿Qué haces para ello?
- ¿Hacer? Nada, me imagino, solo pienso que sería fenomenal que tu tuvieras control sobre todo lo de aquí abajo como lo tienes por ahí arriba.
- ¿Tengo control sobre ti?
- Bueno, yo voy a misa.
- Eso no es lo que te he preguntado. ¿Que tal esa envidia que sientes?.¿ Y tu mal genio?. Desde luego ahí tienes en problema, ¿sabes? ¿Y que me dices de tu egoísmo? ¿Todo para ti? ¿Y que tal con las cosas que ves por televisión?
- Deja de meterte conmigo. Yo soy tan bueno como el resto de los que van a la iglesia.
- Perdona, yo pensaba que estabas rezando para que se hiciera mi voluntad. Si esto tiene que ocurrir tendrá que empezar por los que me lo están pidiendo. Como tú, por ejemplo.
-Sí... está bien. Creo que tengo algunos defectos; en realidad me gustaría quitarlos, líbrarme de ellos. Me gustaría ¿Sabes?, ser realmente libre.
-¡Bien! Ahora estamos llegando realmente a algo. Trabajaremos juntos tú y Yo. Algunas victorias pueden ser grandes. Estoy orgulloso de tí.
- Mira señor, vamos a terminar. Esto se está haciendo mucho más largo de lo normal...
- Adelante.
- “Danos hoy nuestro pan de cada día”
- ¿Cuál pan me pides? ¿El que te doy Yo o el que te da el panadero? Del primero te hace falta,... del segundo, te sobra por ahora.
- ¡Oye, un minuto! ¿Qué es esto de criticar mi día? Aquí estaba yo haciendo mi deber religioso, de repente te metes en medio y me recuerdas todos mis defectos... Orar es algo peligroso.
- Hacer oración te puede transformar, ¿sabes? Esto es lo que estoy intentando hacerte ver. Tú llamas y aquí estoy. Es un poco tarde para detenernos ahora. Sigue rezando; estoy interesado en la parte siguiente de tu oración.
- Tengo miedo de seguir...
- ¿Miedo? ¿Miedo de qué? Ya sé lo que dirás. Prueba y verás.
- “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
- ¿Qué me dices de Pepito?
- ¡Ves, lo sabía ! Sabía que lo nombrarías. ¿Por qué, Señor? Él... ha dicho mentiras de mi. He jurado que me las pagará.
- Pero, ¿y tu oración, qué?
- No sé...
- No se está muy bien llevando ese peso de amargura que llevas.
- No. Pero me sentiré mucho mejor cuando me las pague.
- Perdona a Pepito. Entonces te perdonaré yo a tí y habrás tranquilizado tu corazón.
- Pero Señor, no puedo perdonar a Pepito.
- Entonces yo tampoco puedo perdonarte a tí.
- Está bien. Tienes razón. Siempre la tienes y más que mi revancha con Pepito quiero estar bien contigo... está bien... está bien... lo perdono. Ayúdale a encontrar el camino recto en la vida, Señor. Va camino a ser muy desgraciado, ahora que pienso esto, cualquiera que vaya por ahí haciendo a los demás las cosas que él hace, tiene que estar mal de la cabeza. De algún modo alguna vez, muéstrale el camino recto.
- Así es, muy bien. Ahora dime, ¿como te sientes?
- Bueno, no muy mal, no mal del todo. En realidad me encuentro bastante bien. Sabes, yo creo que no tengo que ir a la cama intranquilo esta noche por primera vez desde hace mucho tiempo. A lo mejor no estaré tan cansado a partir de esta noche por no descansar lo suficiente.
- Todavía no has terminado tu oración. Sigue.
- Está bien... “Y no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal”.
- ¡Estupendo! ¡Estupendo! Lo haré. Solamente no te pongas en un sitio donde puedas ser tentado.
- ¿Que quieres decir con eso?
- Deja de ir con aquellos que no te convienen. Cambia alguna de tus amistades.. algunos de los llamados amigos no te hacen bien. Te tendrán metidos en asuntos difíciles y escabrosos dentro de poco tiempo, no seas tonto. Ellos anuncian que lo están pasando bien pero pueden ser tu ruina. Siempre estaré a tu lado, pero no me "regatees".
- No te entiendo.
- Claro que me entiendes. Lo has hecho muchas veces. Estás metido de lleno en una situación peligrosa, te metes en un lío, y entonces vienes corriendo mi, rezando: “Señor ayúdame a salir de este jaleo y te prometo que no lo haré más”. ¿Te acuerdas de alguno de estos regateos?
- Si... y me da vergüenza... Lo siento, Señor. De verdad que lo siento. Hasta ahora pensaba que si rezaba podía hacer lo que quisiera. Yo nunca esperé que las cosas pasaran como pasaron.
- Continúa, termina tu oración.
- “Tuyo es el reino, el poder y la gloria por siempre”. Amén
- ¿Sabes lo que me da gloria? ¿Qué es lo que realmente me agrada?
- No, pero me gustaría saberlo. Yo quiero agradarte ahora. Veo el jaleo que he armado con mi vida, ahora veo lo bueno que sería si yo fuese uno de tus seguidores.
- Acabas de contestar mi pregunta.
- ¿Si?
- Si, lo que me daría gloria es tener gente como tú que de verdad me amase. Veo lo que está ocurriendo entre nosotros. Ahora que esos pecados han salido fuera no hay que decir cuánto podemos hacer juntos.
- Señor, veamos lo que puedes hacer conmigo, ¿vale?
- Si, hijo.
- “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Amén. Buenas noches, Señor.
- Buenas noches, hijo mío.

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