martes, 9 de septiembre de 2008

BEATO DAMIÁN VEUSTER (Padre Damián de Molokai)



El Padre Damián nació el 3 de enero de 1840, en Tremeloo, Bélgica.

De pequeño en la escuela ya gozaba haciendo, como obras manuales, casitas como la de los misioneros en las selvas. Tenía ese deseo interior de ir un día a lejanas tierras a misionar. De joven fue arrollado por una carroza, y se levantó sin ninguna herida. El médico que lo revisó exclamó: "Este muchacho tiene energías para emprender trabajos muy grandes".
Un día siendo apenas de ocho años dispuso irse con su hermanita a vivir como ermitaños en un bosque solitario, a dedicarse a la oración. El susto de la familia fue grande cuando notó su desaparición. Afortunadamente unos campesinos los encontraron por allá y los devolvieron a casa. Su madre se preguntaba: ¿qué será lo que a este niño le espera en el futuro?

De joven tuvo que trabajar muy duro en el campo para ayudar a sus padres que eran muy pobres. Esto le dio una gran fortaleza y lo hizo práctico en muchos trabajos de construcción, de albañilería y de cultivo de tierras, lo cual le iba a ser muy útil en la isla lejana donde más tarde iba a misionar. A los 18 años lo enviaron a Bruselas (la capital) a estudiar, pero los compañeros se le burlaban por sus modos acampesinados que tenía de hablar y de comportarse. Al principio aguantó con paciencia, pero un día, cuando las burlas llegaron a extremos, agarró por los hombros a uno de los peores burladores y con él derribó a otros cuatro. Todos rieron, pero en adelante ya le tuvieron respeto y, pronto, con su amabilidad se ganó las simpatías de sus compañeros.


Religioso. A los 20 años escribió a sus padres pidiéndoles permiso para entrar de religioso en la comunidad de los sagrados Corazones. Su hermano Jorge se burlaba de él diciéndole que era mejor ganar dinero que dedicarse a ganar almas (este hermano perdió la fe más tarde).
Una gracia pedida y concedida. Muchas veces se arrodillaba ante la imagen del gran misionero, San Francisco Javier y le decía al santo: "Por favor alcánzame de Dios la gracia de ser un misionero, como tú". Y sucedió que a otro religioso de la comunidad le correspondía irse a misionar a las islas Hawai, pero se enfermó, y los superiores le pidieron a Damián que se fuera él de misionero. Eso era lo que más deseaba.


Su primera conquista. En 1863 zarpó hacia su lejana misión en el viaje se hizo sumamente amigo del capitán del barco, el cual le dijo: "yo nunca me confieso. Soy mal católico, pero le digo que con usted si me confesaría". Damián le respondió: "Todavía no soy sacerdote pero espero un día, cuando ya sea sacerdote, tener el gusto de absolverle todos sus pecados".




Empieza su misión. Poco después de llegar a Honolulú, fue ordenado sacerdote y enviado a una pequeña isla de Hawai. Las primeras noches las pasó debajo de una palmera, porque no tenía casa para vivir. Casi todos los habitantes de la isla eran protestantes. Con la ayuda de unos pocos campesinos católicos construyó una capilla con techo de paja; y allí empezó a celebrar y a catequizar. Luego se dedicó con tanto cariño a todas las gentes, que los protestantes fueron abrazando la fe católica.
Fue visitando uno a uno todos los ranchos de la isla y acabando con muchas creencias supersticiosas de esas pobres gentes y reemplazándolas por las verdaderas creencias. Llevaba medicinas y lograba la curación de numerosos enfermos. Pero había por allí unos que eran incurables: eran los leprosos.


Molokai, la isla maldita. Como en las islas Hawai había muchos leprosos, los vecinos obtuvieron del gobierno que a todo enfermo de lepra lo desterraran a la isla de Molokai. Esta isla se convirtió en un infierno de dolor sin esperanza. Los pobres enfermos, perseguidos en cacerías humanas, eran olvidados allí y dejados sin auxilios ni ayudas. Para olvidar sus penas se dedicaban los hombres al alcoholismo y los vicios y las mujeres a toda clase de supersticiones.


Enterrado vivo. Al saber estas noticias el Padre Damián le pidió al Sr. Obispo que le permitiera irse a vivir con los leprosos de Molokai. Al Monseñor le parecía casi increíble esta petición, pero le concedió el permiso, y allá se fue.
En 1873 llego a la isla de los leprosos. Antes de partir había dicho : "Sé que voy a un perpetuo destierro, y que tarde o temprano me contagiaré de la lepra. Pero ningún sacrificio es demasiado grande si se hace por Cristo". Los leprosos lo recibieron con inmensa alegría. La primera noche tuvo que dormir también debajo de una palmera, porque no había habitación preparada para él. Luego se dedicó a visitar a los enfermos. Morían muchos y los demás se hallaban desesperados.


Trabajo y distracción. El Padre Damián empezó a crear fuentes de trabajo para que los leprosos estuvieran distraídos. Luego organizó una banda de música. Fue recogiendo a los enfermos más abandonados, y él mismo los atendía como abnegado enfermero. Enseñaba reglas de higiene y poco a poco transformó la isla convirtiéndola en un sitio agradable para vivir.


Pidiendo al extranjero. Empezó a escribir al extranjero, especialmente a Alemania, y de allá le llegaban buenos donativos. Varios barcos desembarcaban alimentos en las costas, los cuales el misionero repartía de manera equitativa. Y también le enviaban medicinas, y dinero para ayudar a los más pobres. Hasta los protestantes se conmovían con sus cartas y le enviaban donativos para sus leprosos.


Confesión a larga distancia. Pero como la gente creía que la lepra era contagiosa, el gobierno prohibió al Padre Damián salir de la isla y tratar con los que pasaban por allí en los barcos. Y el sacerdote llevaba años sin poder confesarse. Entonces un día, al acercarse un barco que llevaba provisiones para los leprosos, el santo sacerdote se subió a una lancha y casi pegado al barco pidió a un sacerdote que allí viajaba, que lo confesara. Y a grito entero hizo desde allí su única y última confesión, y recibió la absolución de sus faltas.


Haciendo de todo. Como esas gentes no tenían casi dedos, ni manos, el Padre Damián les hacía él mismo el ataúd a los muertos, les cavaba la sepultura y fabricaba luego como un buen carpintero la cruz para sus tumbas. Preparaba sanas diversiones para alejar el aburrimiento, y cuando llegaban los huracanes y destruían los pobres ranchos, él en persona iba a ayudar a reconstruirlos.


Leproso para siempre. El santo para no demostrar desprecio a sus queridos leprosos, aceptaba fumar en la pipa que ellos habían usado. Los saludaba dándoles la mano. Compartía con ellos en todas las acciones del día. Y sucedió lo que tenía que suceder: que se contagió de la lepra. Y vino a saberlo de manera inesperada.


La señal fatal. Un día metió el pie en un una vasija que tenía agua sumamente caliente, y él no sintió nada. Entonces se dió cuenta de que estaba leproso. Enseguida se arrodilló ante un crucifijo y exclamó: "Señor. por amor a Ti y por la salvación de estos hijos tuyos, acepté esta terrible realidad. La enfermedad me ira carcomiendo el cuerpo, pero me alegra el pensar que cada día en que me encuentre más enfermo en la tierra, estaré más cerca de Ti para el cielo".





La enfermedad se fue extendiendo prontamente por su cuerpo. Los enfermos comentaban: "Qué elegante era el Padre Damián cuando llegó a vivir con nosotros, y que deforme lo ha puesto la enfermedad". Pero él añadía: "No importa que el cuerpo se vaya volviendo deforme y feo, si el alma se va volviendo hermosa y agradable a Dios".


Sorpresa final. Poco antes de que el gran sacerdote muriera, llegó a Molokai un barco. Era el del capitán que lo había traído cuando llegó de misionero. En aquél viaje le había dicho que con el único sacerdote con el cual se confesaría sería con él. Y ahora, el capitán venía expresamente a confesarse con el Padre Damián. Desde entonces la vida de este hombre de mar cambió y mejoró notablemente. También un hombre que había escrito calumniando al santo sacerdote llegó a pedirle perdón y se convirtió al catolicismo.


El 15 de abril de 1889 "el leproso voluntario", el Apóstol de los Leprosos, voló al cielo a recibir el premio tan merecido por su admirable caridad. En 1994 el Papa Juan Pablo II, después de haber comprobado milagros obtenidos por la intercesión de este gran misionero, lo declaró beato, y patrono de los que trabajan entre los enfermos de lepra.





De las cartas del B. Damián de Veuster (Copia Publ. Proc. Mechlinien.) (Segunda lectura del Oficio Divino de la fiesta del Beato Damián de Molokai)


"He aceptado esta enfermedad como mi cruz especial"

Escribe en Agosto de 1873 a su Superior General:


La Divina Providencia, que tiene siempre compasión de los más pobres e indefensos, se ha dignado poner su mirada sobre vuestro indigno servidor para que me ocupe de un famoso hospital de leprosos que nuestro gobierno se ha visto obligado a instalar para preservar del contagio a todo el archipiélago. Por ello, y como sacerdote encargado de una parroquia excepcional de 800 leprosos, de los cuales la mitad más o menos son católicos, me permito dirigiros estas lineas.
(...) Heme aquí, pues, en medio de mis queridos leprosos: Son verdaderamente horribles a la vista, es verdad, pero tienen una alma que ha sido rescatada al precio de la Sangre adorable de nuestro Divino Salvador. También El en su Divina Caridad consoló a los leprosos. Si yo no puedo curarlos como El, al menos puedo consolarles, y a través del santo ministerio, que en su bondad El me ha confiado, espero que muchos de ellos, purificados de la lepra del alma, se presentarán delante de su tribunal y podrán entrar en la comunidad de los bienaventurados.
Mi capilla, demasiado grande en las primeras semanas después de mi llegada, resulta ahora demasiado pequeña. Durante tres semanas he tenido que colocar fuera, en las ventanas, a un grande número de antiguos buenos cristianos, cediendo ellos su puesto unas veces a los nuevos, otras a los apóstatas que vuelven, y otras a los catecúmenos que no faltan.
Además de los domingos, hay un buen número de ellos que viene regularmente a la Eucaristía y al Rosario de la tarde durante la semana. Muchos comulgan todos los domingos. Además de los consuelos que el corazón del sacerdote encuentra en la iglesia, hay mucho bien que hacer durante las visitas a domicilio, yendo de una cabaña a otra, casi todas habitadas por pobres desafortunados que no pueden ni siquiera moverse por tener a menudo los pies y manos comidos por esta horrible enfermedad, condenados además a respirar un aire infectado. Normalmente escuchan con atención la palabra de salvación que se distribuye a cada uno según sus disposiciones.

El 25 de Noviembre de 1873, escribe a su hermano, Padre Pánfilo:


Aunque yo no sea todavía leproso, sin embargo me hago leproso con los leprosos; por eso cuando predico suelo decir: "Nosotros los leprosos". Quisiera ganármelos a todos en Cristo, como hizo San Pablo.

El 9 de Noviembre de 1887, escribe también a su hermano:


Como sabéis hace ya mucho tiempo que la Divina Providencia me ha elegido para ser víctima de nuestra repugnante enfermedad. Espero ser eternamente agradecido a Dios por este favor. Me parece que esta enfermedad acortará y hará más cercano el camino que me llevará a nuestra querida patria. Con esta esperanza he aceptado esta enfermedad como mi cruz especial; trataré de llevarla como Simón El Cireneo, siguiendo las huellas de nuestro Divino Salvador. Os ruego me ayudéis con vuestras oraciones, para obtener la fuerza de la perseverancia hasta que llegue a la cima del Calvario.


Oración

Padre de misericordia, que en el beato Damián,
nos has dado el sublime testimonio
de su caridad a los más pobres y abandonados,
concédenos, por su intercesión,
que también nosotros,
impulsados por el amor al Corazón de tu Hijo,
seamos servidores de los hermanos más necesitados y marginados.
El que vive y reina contigo.

2 comentarios:

Elizabeth dijo...

me ha conmovido su historia, en verdad creo que JESUS estaba encarnada en su noble alma, porque aislarse del mundo para estar con personas desahuxiadas y tiene que sufrir mucho dolor corporal mañana,tarde y noche por elamor a su projimo, es admirable, y hace que uno reflexione y se inspire en su ejemplo, que DIOS lo bendiga y se que ahora esta en su santo reino. Tratare ser cada dia mejor cristiana, mas humilde, discreta y generosa-

mercedes dijo...

el padre damián de veuster, apostol de los leprosos, es un ejemplo de vida y amor hacía quienes sufren. Se entrego por completo sin escatimar esfuerzo físico y aponyándose en Jesús cuando sentía que se le agotaba la energía... Merece ser un Santo