martes, 24 de junio de 2008

SEÑOR, YO TE HE ELEGIDO


Jesús,

desde hace dos mil años,

tu amor, como una ola,

ha arrastrado a innumerables peregrinos

por el camino de la Esperanza.

Te han amado con amor ardiente.

Con sus pensamientos, sus palabras, sus acciones,

con un corazón más fuerte que la tentación,

más fuerte que el sufrimiento, e incluso que la muerte.

Han sido palabra tuya en el mundo.

Su vida ha sido una verdadera revolución

que ha renovado el rostro de la Iglesia.



Al contemplar a esos deslumbrantes modelos

en mi infancia, concebí un sueño:

ofrecerte toda mi vida,

la única vida que tengo ocasión de vivir,

con un ideal eterno, inalterable.

Tomé mi decisión.

Si cumplo tu voluntad,

tú harás realidad este ideal

y me lanzaré a esa aventura misteriosa.

Yo te he elegido y nunca lo he lamentado.

Te escucho decirme:

"Permanece en mí. Permanece en mi amor".

¿Cómo puedo permanecer en ningún otro?

Sólo el amor puede hacer una cosa tan extraordinaria.

Yo comprendo que Tú quieras toda mi vida.

"Todo! ¡Por amor a Ti!" (dice Jesús)

Yo sigo cada uno de tus pasos

por el camino de la esperanza:

tus pasos errantes hacia el establo de Belén;

tus pasos nerviosos camino de Egipto;

tus pasos ágiles cuando volvías a casa en Nazaret;

tus pasos alegres cuando subías al Templo con tus padres;

tus pasos cansados durante treinta años de labor;

tus pasos ligeros durante tres años para anunciar la Buena Noticia;

tus pasos impacientes por buscar la oveja perdida;

tus pasos dolorosos al entrar e Jerusalén;

tus pasos solitarios ante el pretorio;

tus pasos pesados bajo la cruz camino del Calvario;

tus pasos de fracasado, muerto y enterrado

en un sepulcro que otros te prestaron.

Despojado de todo.

Sin ropas. Sin amigos.

Abandonado hasta por tu Padre.

Pero siempre obediente al Padre.

Jesús, de rodillas ante el sagrario,

a solas contigo, comprendo:

Yo no puedo elegir ya otro camino,

otro más feliz;

los hay aparentemente más gloriosos,

pero en ellos no estás Tú, el amigo eterno,

el único amigo de mi vida.

En ti se encuentra el Cielo, con la Trinidad,

el mundo entero con los sufrimientos de los hombres,

los míos son todo lo que no es paz ni alegría,

ni bello, ni cómodo, ni amable;

los míos son todas las tristezas, los desengaños,

las separaciones, el abandono, las desgracias.

Y los tuyos son todo con lo que cargas,

con lo que cargan mis hermanos, puesto que Tú estás en ellos.

Yo creo firmemente en Ti,

pues Tú has cruzado el arco triunfal:

"Yo he vencido al mundo"

Tú me has dicho: ponte en camino,

vete a todo el mundo

y proclama la Buena Noticia.

Seca las lágrimas de dolor,

levanta los corazones desalentados,

une los corazones separados,

incendia el mundo con el fuego del amor,

consume lo que debe ser destruido,

y no dejes más que la verdad, la justicia y el amor.

Pero, Señor, yo conozco mi debilidad.

Vacíame del egosísmo, del amor al descanso,

para que no tenga ya miedo al sufrimiento que desgarra.

Yo no soy digno de ser apóstol tuyo.

Hazme fuerte en las dificultades.

Que me tenga sin cuidado la sabiduría del mundo.

Acepto que me traten de loco

por Jesús, María y José.

Quiero lanzarme a las pruebas,

dispuesto a todos los sacrificios,

sean cuales sean las consecuencias,

pues Tú me has enseñado a afrontarlo todo.

Si me mandas subir a la cruz

y extender mis brazos en ella,

si me mandas entrar en el silencio de tu sagrario

hasta el final de los tiempos,

me resignaré a ello

y lo perderé todo,

pero me quedarás Tú.

Allí estará tu amor

inundando mi corazón de amor a todos.

Mi dicha será total.

Por eso repito:Te he elegido.

No quiero a nadie más que a Ti.

Y tu gloria.


Card. Fco. X. Nguyen Van Thuan

(Oración escrita en la cárcel en 1980)

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