jueves, 17 de abril de 2008

ORACIÓN DESESPERADA



(Publicamos a continuación el texto de una oración que dejó escrita un judío piadoso poco antes de ser ejecutado por los alemanes durante el Holocausto. Es un ejemplo sobrecogedor de este tipo de plegaria que podemos denominar de imprecación o queja, en la línea de continuidad con la tradición del libro de Job)


Lo más tarde dentro de una hora volveré a reunirme con mi mujer, mis hijos y los millones de víctimas pertenecientes a mi pueblo en un mundo mejor donde ya no hay dudas y desesperación y donde Dios es el único Señor.


Muero sereno pero no contento, golpeado pero no desesperado, como un creyente pero no como un orante, como un enamorado de Dios pero no como un ciego conformista. Le he seguido siempre, incluso cuando Él me ha apartado de su lado. He cumplido sus mandamientos, incluso cuando como recompensa por ello me ha golpeado. Le he querido y he estado y estoy enamorado de Él, aunque a veces me ha derribado por tierra, me ha atormentado mortalmente y me ha avergonzado convirtiéndome en burla de los demás.


Mi rabino me ha contado muchas veces la historia de un judío que logró huir, con mujer e hijos, de la Inquisición española. Comenzó a navegar hacia una isla en un bote minúsculo por entre el oleaje de un mar encrespado. Entonces cayó un rayo sobre la mujer y la mató. Vino después una tormenta que arrancó al niño del barco ahogándole entre las aguas. Solo y desnudo, agotado por el temporal y aterrorizado por truenos y relámpagos, con las manos alzadas a Dios, prosiguió el judío su camino sobre la isla desierta diciéndole a Dios:


"Dios de Israel, he huido hasta aquí para poder servirte sin estorbos, para poder cumplir tus mandamientos y santificar tu Nombre. Pero Tú has hecho todo lo posible para que no crea en Ti. Si has pensado que podías apartarme de tu camino, entonces yo te digo a Ti, mi Dios y Dios de mis padres: no lo conseguirás.


Puedes golpearme, arrebatarme lo más entrañable y querido que tengo en este mundo. Puedes afligirme y atormentarme hasta la muerte. Yo siempre creeré en Ti, siempre te querré a pesar de Ti mismo; y estas son mis últimas palabras a Ti dirigidas, mi Dios iracundo: no lo conseguirás. Has hecho todo lo posible para que no crea en Ti, para que dude de Ti. Yo, sin embargo, muero como he vivido, con una fe, firme cual la roca, en Ti".


Sea alabado por toda la eternidad el Dios de los muertos, el Dios de la venganza, el Dios de la verdad y de la Ley, que pronto mostrará su rostro al mundo y sacudirá sus cimientos con voz todopoderosa.


Escucha Israel: el Eterno es nuestro Dios, el Eterno es uno y único".



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