martes, 29 de abril de 2008

AQUEL CRISTO A QUIEN DIJE SÍ


Pero aquel Cristo a quien dije Sí,

porque le oí, muy dentro, que insistente me llamaba,

aquél, que me invitó a seguirle a donde fuera,

aquél, que me sedujo locamente,

por quien dejé mis redes soñadoras,

es hoy también el mismo en el que creo,

el mismo en quien confío y a quien sigo,

a pesar de mil dudas y quebrantos,

de cansancios oscuros,

tropiezos y reservas.


Creo en Jesús, mi impulso y mi destino,

mi punto de partida, mi horizonte,

mi sueño y mi término seguro.


Nadie como Tú me ha convencido.

Nadie como Tú marcó mi vida:

ni héroe, ni sabio,

ni líder, ni poeta.


Ni libros ni teatros,

ni historias ni películas,

ni crisis ni aventuras,

ni viajes ni retornos,

ni gritos ni blasfemias,

ni horrores ni desgracias,

ni chistes ni sarcasmos,

ni burlas ni silencios,

ni luces ni luceros,

ni gozos ni delirios

me apartaron de Tí.


A Tí me arrimo.

Te conozco.

Te quiero y te necesito.

Te espero y te acompaño.

De ti me fío.

A ti me entrego.

Y me unges de nuevo

la vida con tu gracia.

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