martes, 5 de febrero de 2008

"Arrepiéntete y cree en el Evangelio..."


Como todos sabemos, mañana empieza la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza.
Así, con este rito de imposición de la ceniza comenzamos ese tiempo de 40 días de oración y penitencia que marca la Iglesia para la conversión del corazón.


Las fórmula que se usa para la imposición de la ceniza puede ser cualquiera de éstas:


“Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”.


“Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás".


O la más usada,


“Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.


Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio. Los ninivitas (los habitantes de Nínive) también usaron la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios, después de la predicación del profeta.

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse. En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión. Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos del año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.


También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno. La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo.


Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.


Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone tanto a los niños como a los adultos.


Tanto el Miércoles de Ceniza como el Viernes Santo son días de ayuno y abstinencia, y el resto de viernes de cuaresma son días de abstinencia. Además. la Iglesia, a través de Manos Unidas, nos invita este primer viernes de cuaresma a hacer un ayuno voluntario en favor de los pobres del mundo (del que ya hablaré otro día).


La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste en hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia en no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberle ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.


La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad. Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:


La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.
La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.
La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.


La Cuaresma también es tiempo de sacrificio. Al hacer sacrificios (cuyo significado es "hacer sagradas las cosas"), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar.


"Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará." (Mt 6,6).


Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección. Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.


En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación, que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.


De igual modo, la Eucaristía, que es fuente y cúlmen de la vida cristiana, debe ser también el alimento de la Cuaresma (como el pan élfico del Señor de los Anillos), porque nuestra conversión debe pasar siempre por hacernos cada día más eucarísticos. Los baños de Sagrario están muy recomendados en este tiempo cuaresmal. Sabéis que en la Parroquia, con la Misa de la Ceniza, empiezan las Cuarenta Horas de Adoración al Santísimo Sacramento. Yo mismo pasaré la noche del jueves al viernes en la Parroquia para estar esa noche con el Señor Sacramentado. Si alguien nos quiere acompañar...


La Conversión es ir hacia delante, es el seguimiento a Jesús. Es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, y es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño.


Las armas de la Cuaresma nos la dará mañana el Señor en el Evangelio de la Misa. Mañana veremos algunas consideraciones sobre éstas "armas". La batalla cuaresmal está por comenzar, y tenemos que ser valientes para adentrarnos en ella al grito de los mártires: "¡Viva Cristo Rey!"

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