jueves, 20 de diciembre de 2007

¡Ven, Oh Sol, que naces de lo alto! (21 de diciembre, FERIA MAYOR DE ADVIENTO)


Oh lumbre de Oriente,

sol de eternos rayos,

que entre las tinieblas

tu esplendor veamos.



Niño tan precioso


dicha del cristiano,


luzca la sonrisa


de tus dulces labios.

Oh Sol, que naces de lo alto, Resplandor de la luz eterna, Sol de justicia, ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte

¡Levántate, brilla, que llega tu luz;
la gloria del Señor amanece sobre ti!
Mira: las tinieblas cubren la tierra,
la oscuridad los pueblos;
pero sobre ti amanecerá el Señor,
su gloria aparecerá sobre ti;
y acudirán los pueblos a tu luz,
los reyes al resplandor de tu aurora (Is 60,1-2).
Parece que el profeta se dirigiera a nosotros en esta preparación de la Natividad del Señor. En medio de las tinieblas del mundo, de la confusión de valores e ideales de nuestra época, tenemos una esperanza: No será para ti ya nunca más el sol tu luz en el día, ni te alumbrará la claridad de la luna; será el Señor tu luz perpetua, y tu Dios no será tu esplendor; tu sol ya no se pondrá ni menguará tu luna, porque el Señor será tu luz perpetua (Is 60,19-20).
Pedimos entonces en este gozo, que el esplendor de la luz que irradia el Pesebre penetre en la oscuridad de este mundo, para que todos los hombres se beneficien de los resplandores de la claridad divina. La profecía mesiánica había anunciado que el pueblo que caminaba a oscuras vio una intensa luz, los que habitaban un país de sombras se inundaron de luz (Is 9,1). Ya desde la época del profeta Balaán también se había anunciado la venida del Mesías como una estrella: Lo veo pero no para ahora; lo contemplo pero no de cerca; una estrella sale de Jacob, un cetro surge de Israel (Nm 24,17).
El Señor está por llegar y su luz debe ser descubierta entre las tinieblas del mundo como lo hicieron los magos de oriente allá en Belén, y por medio de la estrella encontraron al pequeño Niño en medio de sus padres, sonriendo cariñosamente, porque en el niño del pesebre se nos revela la ternura del amor infinito de Dios Padre. Es el momento de aprender a sonreír para hacer el mundo más amable; y de descubrir la ternura del Niño de Belén y apropiárnosla, para contribuir a desarrollar la civilización del amor y de la ternura.

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