lunes, 17 de diciembre de 2007

¡Ven, Oh Sabiduría! (17 de diciembre. FERIA MAYOR DE ADVIENTO)


¡Oh Sapiencia suma

del Dios soberano

que a infantil alcance

te rebajas sacro!


¡Oh Divino Niño

ven para enseñarnos

la prudencia que hace

verdaderos sabios!


Oh Sabiduría, salida de labios del Altísimo, que abarcas los confines del mundo, disponiendo todo con suavidad y fortaleza: Ven a enseñarnos el camino de la prudencia.

La Sabiduría en Israel nunca puede entenderse como un acerbo de conocimientos teóricos. Poseer la sabiduría era conocer el orden del mundo. El sabio estaba capacitado para gobernar e impartir justicia, y por lo tanto la sabiduría estaba acompañada de la prudencia. Cuando Salomón pide a Dios un corazón sabio para gobernar a tu pueblo y poder discernir entre lo bueno y lo malo, el Señor le concede un corazón sabio y prudente (1 Re 3,9. 12). El sabio la prefiere a todos los dones de la tierra porque sólo ella hace que el hombre sea auténtico hombre: imagen de Dios y señor de la creación, que reconoce y respeta a sus hermanos, obra la justicia y lucha contra la iniquidad. La sabiduría es humana en cuanto Dios la concede al hombre, pero es divina porque Dios posee la Sabiduría y el poder (Job 12, 13). El profeta Isaías cuando describe los dones que el espíritu del Señor concede al niño que ha nacido, el Emmanuel (Dios con nosotros), coloca en primer lugar el espíritu de inteligencia y sabiduría (Is 11,2) y Pablo, en la primera carta a los Corintios nos habla de Cristo como la fuerza y la sabiduría de Dios (1,24). La sabiduría de Dios se ha encarnado en el niño de Belén. En la espera amorosa del nacimiento, pedimos a Dios Padre que podamos descubrir, en las enseñanzas de su hijo, la prudencia como don de su sabiduría infinita.

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