jueves, 20 de diciembre de 2007

¡Ven, Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel! (20 de diciembre. FERIA MAYOR DE ADVIENTO)


Llave de David

que abre al desterrado

las cerradas puertas

del regio palacio.


¡Sácanos, oh Niño,

con tu blanca mano

de la cárcel triste

que labró el pecado!



Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombra de muerte.


La llave es símbolo del poder con autoridad suma, en un oficio. El profeta Isaías anuncia la investidura de Eliaquín y dice: "le pondré en el hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierra nadie lo abrirá" (Is 22, 22). Jesús de Nazaret que recibió del Padre "todo el poder en el cielo y en la tierra" (Mt 28,19) recibió también las llaves del Reino.

En la misión del siervo según el Deutero-Isaías el Señor lo constituyó para decir a los cautivos: "salid" (Is 49,9), porque el Señor llamó al Siervo "para que abra los ojos de los ciegos, saque a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas" (Is 42,7). En el Apocalipsis, Jesús es presentado como el que tiene la llave de David, es decir, el que posee todo el poder mesiánico: "Esto dice el Santo, el Veraz, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie puede cerrar, el que cierra y nadie puede abrir" (Ap 3,7). Él mismo había asumido las palabras del profeta Isaías al iniciar su ministerio: "Me ha enviado para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos" (Is 61,1; Lc 4,18).

El Mesías que esperamos en la Navidad, cumplió realmente la misión del Siervo: abrió al hombre pecador la posibilidad de liberarse del dominio del pecado (Rom 6,14), y le abrió al hombre justo las puertas del reino de los cielos. Le suplicamos al Niño que va a nacer que se apresure a rescatar definitivamente al hombre que ansía ver instalado el Reino de Dios entre nosotros.

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